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Las Fuerzas Armadas son una caja negra dentro de la caja gris que es la política mexicana.

Filtraciones como las de Guacamaya sugieren el tamaño de la caja negra, un tamaño enorme. Lo sugieren también las piezas de prensa sobre el pleito de la Defensa y la Marina, el abuso de Pegasus o los viajes suntuosos del secretario de la Defensa.

Todo esto podíamos imaginarlo, pero nada sabíamos a ciencia cierta. Es lo normal con las Fuerzas Armadas: imaginamos mucho, sabemos poco. Se trata de un espacio conjetural por excelencia.

La fuerza que los militares adquirieron en este gobierno multiplicó las conjeturas en torno a ellas, conjeturas que forman hoy un activo barullo de rumores y temores.

Lo único cierto, probado en los hechos, es la entrega a los militares de presupuestos enormes y parcelas claves del gobierno civil: seguridad, aduanas, puertos, aeropuertos, obra pública, etcétera.

La inflación política y presupuestal de las Fuerzas Armadas infla también las conjeturas sobre ellas y sobre el uso que quiere darles el Presidente.

Un rumor muy compartido es que el Presidente las usará para la elección de 2024, antes, durante y después de la elección.

Nadie tiene claras la forma ni la secuencia específica que tomará esta utilización de las Fuerzas Armadas, pero la creencia de que serán utilizadas está en todas partes.

Se rumora que las Fuerzas Armadas serán agentes activos en la campaña electoral, favoreciendo a Morena y conteniendo a la oposición.

Se rumora también que, si pierde Morena, el Presidente se apoyará en las Fuerzas Armadas para desconocer la elección y rehusar los veredictos del INE y del Trife.

¿Rumbo a qué? Rumbo a la creación de un gobierno interino que llame a nuevas elecciones, o rumbo a la declaración de un estado de excepción que haga posible la permanencia del Presidente en el mando (no necesariamente en el cargo).

¿Disparates?

Puede ser, pero disparates que son parte de la gran nube de conjeturas que la inflación de las Fuerzas Armadas ha sembrado en la opinión pública, en la opinión publicada y en la opinión murmurada.

La opinión murmurada vale aquí como un medio en sí mismo.