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En México asesinan a casi 100 personas diarias, el presidente dice que no podrá acreditar su gobierno ante la historia si no pacifica al país. Pero su subsecretario de Seguridad no trabaja hace tres meses, por buscar partido para ser candidato en Coahuila.

Al final, Ricardo Mejía encontró hace unas horas hueco en el PT. Pero su jefe, el presidente, le permitió estar en la politiquería desde que, en diciembre pasado, Mejía desconoció la encuesta del partido del presidente, que lo dejó fuera de la candidatura.

Ajá: y mientras el subsecretario de Seguridad andaba en la politiquería, México se bañaba en sangre. Incluso, el mismo día de su berrinche político, se registraron 69 asesinatos. Vamos: ni el mismo presidente sabía de la chamba de Ricardo Mejía.

Apenas el viernes, el presidente dijo acerca de su segundo funcionario en importancia para pacificar al país: “No he hablado con él, pero me enteré que aspira a ser candidato no sé por cuál partido”. Ese mismo día mataron a casi 100 personas en el país.

Sin embargo, Ricardo Mejía siempre se caracterizó por su comportamiento displicente como funcionario federal. Por ejemplo, pidió licencia para dejar de trabajar e irse a hacer campaña por la Revocación de Mandato del presidente. Dejó tirada la chamba.

No le importó que, al momento de pedir licencia, en el país asesinaban a una persona cada 15 minutos y, en dos meses, se había registrado 80 masacres. Incumplió su obligación de preservar y proteger el orden público, integridad y bienes de la población.

Peor todavía: Ricardo Mejía pidió licencia para irse a hacer campaña por Morena en la Revocación de Mandato, pero poco después dijo que Morena es un partido que hace trampas en las encuestas, y que amaña los resultados.

Un irresponsable, como demostró al asegurar que “no fue un fusilamiento”, la masacre de 17 personas, colocadas todas contra una pared, en San José de Gracia, Michoacán, porque “nadie gritó ‘preparen, apunten, ¡fuego!’; no digan más que fue un fusilamiento”.

Candidato de su partido o no, la verdad es que a la ciudadanía lo que le interesaba de Ricardo Mejía era que cumpliera con el empleo para el que le pagó de sus impuestos… un trabajo que, evidentemente, jamás cumplió de manera cabal.

Desde su puesto, fue incapaz de encontrar al asesino de los sacerdotes Javier Campos y Joaquín Mora; y del guía turístico Ricardo Palma, en la Sierra Tarahumara, lo cual le habría dado buen cartel a sus aspiraciones políticas. Pero sólo sabe hacer grilla, no investigar.

Por lo pronto, dejó la chamba al garete. Pero le fue bien, porque ni su jefe sabía dónde andaba, y pudo hacer y deshacer a su antojo.

Tipo con suerte.