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En mayo del 2019 se declaró desierta la licitación para la construcción de la refinería de Dos Bocas en Tabasco porque las empresas convocadas llegaron, todas, a la misma conclusión: era imposible construir una refinería con ese presupuesto y en ese tiempo límite.

Fueron por lo menos las seis empresas finalistas en aquel concurso las que dijeron que no era posible. Becthel y Techint, Jacobs y Worley Parsons, KBR y también Technip, que se retiró desde antes. Querían más dinero, dijo el presidente.

No había manera de construir una refinería con las características pretendidas por el gobierno de López Obrador con un presupuesto de 8,000 millones de dólares y en un plazo de tres años.

La respuesta de López Obrador fue un “me canso ganso” y que Pemex y la Secretaría de Energía la iban a construir en ese plazo y con ese presupuesto.

Más de tres años después sabemos que esas empresas tenían toda la razón y que evidentemente alguien le mintió al presidente.

Hay que esperar al menos otros dos años antes de que esa refinería en Tabasco pueda refinar su primer litro de gasolina y el costo ya va en los 20,000 millones de dólares.

Es mucho dinero público destinado a un mal negocio de refinación cuando el mundo está en pleno cambio de tecnología energética para el transporte.

Pero es más preocupante escuchar al propio presidente argumentar por qué se elevaron los costos. El sobrecosto a más del doble del originalmente presupuestado fue porque hay que construir, dijo el presidente, otros equipos que no se contemplaron en el costo inicial y todo el costo de integración y operación de la refinería.

¿12,000 millones de dólares adicionales por equipos que no le informaron al presidente que eran necesarios?

Cómo pudieron omitir decirle al presidente que una refinería opera con esos equipos y que esos equipos son tan costosos y tardarían tanto en ser instalados.

Ahí puede estar buena parte de la explicación de por qué la secretaria de Energía, Rocío Nahle, está en calidad de desaparecida en este tema.

López Obrador recibió información equivocada desde el principio, que le advirtieron las empresas especialistas en el tema, y hoy es el jefe del Ejecutivo el que tiene que dar la cara por semejante falla.

El problema es que esa es la misma fuente de información de López Obrador, junto con Manuel Bartlett, que anima al presidente a emprender un pleito comercial con Estados Unidos y Canadá.

Como el presidente escucha poco y a pocos, debe creer que no hay manera de que pierda un panel de solución de controversias en contra de Estados Unidos en el marco del T-MEC por los temas energéticos que le reclaman.

Pero ahí están otra vez los expertos que le dicen a su gobierno que sí hay violaciones al pacto por el trato discriminatorio a las compañías extranjeras.

Es muy difícil que el presidente remueva a quien claramente le ha fallado en sus funciones, pero en el sector energético tendría razones suficientes para emprender una limpia profunda antes de que los costos para el país sean irreparables.