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A cuatro años de gobierno, pocos deben negar que este presidente no haya sido el más auténtico de los candidatos: deshizo todo lo que prometió deshacer. Lo que nunca prometió fue gobernar con los militares.

Siendo el Ejército la institución más apreciada y respetada por los mexicanos (según todas las encuestas de casi siempre), el candidato de 2006, 2012 y 2018 nunca reparó en señalarla como culpable de matanzas de narcotraficantes y de los 43 de Iguala.

Su cambio de idea (de fundirse con los militares y llamarles “pueblo uniformado”) se produjo ya en el poder, y parece ser una indicación de la continental populista, donde los militares sostienen al poder civil con la fuerza de las armas y el control de la economía.

“Pueblo uniformado” es una frase de Fidel Castro, quien la usó por primera el 26 de julio de 1959: “Nuestro Ejército es el pueblo uniformado”. La repetiría cientos de veces. El 30 de septiembre de 1973 dio: “Nuestras Fuerzas Armadas constituyen el pueblo uniformado”.

Su hermano Raúl Castro (a quien el presidente de México acaba de visitar) la retomó al heredarlo en el mando único al frente de Cuba. “Ésta es una Revolución que construyó un ejército, que es el pueblo uniformado”, dijo el 14 de enero de 2014.

En los países de la continental populista (Cuba, Venezuela, Nicaragua y ahora México), el “pueblo uniformado” controla la construcción, puertos, aeropuertos, trenes, refinerías, aduanas, turismo, reparto de medicinas, vacunas, recogida de sargazos.

Pero el actual presidente de México no quería al Ejército. Durante su gira como candidato por Nueva York, en 2018, no le importó perder cuatro puntos en las encuestas, por decirle “cállate, provocador”, al padre de uno de los 43 normalistas desaparecidos.

A pregunta del señor Tizapa, acerca de sus relaciones políticas con el autor intelectual del caso Iguala, José Luis Abarca, a quien impulsó para que fuese alcalde, le respondió: “Tu reclamo debe ser a las Fuerzas Armadas, a quienes intervinieron en ese crimen”.

Más: exigió investigar a la Marina por el operativo del 10 de febrero de 2017, en Tepic, en el que fueron eliminados Juan Francisco Patrón Sánchez, capo del cártel de los Beltrán Leyva, y 11 sicarios más. “Fue una masacre”, denunció el entonces candidato.

Y agregó: “Tengo información de que murieron jóvenes, algunos menores de edad, seres humanos, fue una masacre”. Después declaró que “si por mí fuera, desaparecería al Ejército, México no necesita Ejército”.

Hoy, en el poder, ha entregado a los militares 26 instituciones civiles, la quinta parte del Presupuesto del país, se lleva a los generales de tierra y mar a ver a Raúl Castro en Cuba, y les permite que construyan un Estado dentro del Estado.

Son uno mismo.