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Casi dos tercios de los votantes latinos consideran que las políticas del presidente han perjudicado sus condiciones económicas
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Bolsonaro dijo que un eventual triunfo suyo permitiría instaurar un gobierno con menos ministerios y pondría “fin a la era del PT” de Lula
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La incertidumbre jurídica ya influye directamente en la planeación, expansión y desarrollo de los negocios en México; dijo su presidente
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Mientras se resuelve el incidente, la ASEA pidió a sus seguidores y a los regulados por la institución ignorar cualquier mensaje o publicación

La nueva realidad política del país obliga a pensar con realismo. Es preocupante la actual circunstancia de desencuentro, encono y polarización, y más grave aún, que este clima se extienda después de la renovación de poderes en 2024. Que eso ocurra o no, dependerá de los actores de hoy día y sobre todo, de que se entienda que, sin abandonar causa, la reconciliación es la ruta que exige el futuro.

El ambiente existente podría acentuarse por la disputa por el poder. Lo relevante por el momento es el cuidado a las reglas del juego, no debilitar a las instituciones que le dan cauce a la competencia y que la confrontación no implique el exterminio del otro, sino la coexistencia.

El esfuerzo fundamental no es nada más entender al otro, sino ser el otro. La reconciliación no sólo aplica a las fuerzas políticas en competencia; las autoridades son parte relevante, así como las élites. El estilo personal de gobernar del presidente López Obrador es un factor clave del liderazgo social y político sobre un espectro amplio de mexicanos, pero también es un elemento de confrontación y polarización.

Con crudeza debe asumirse que él así continuará. En todo caso, la exigencia al mandatario debe centrarse en el cumplimiento estricto con la ley y el respeto y cuidado que debe al régimen institucional que lo llevó al poder. La sociedad está dividida. No es un tema de mayorías, que sería relevante para objetivos electorales, pero no para transitar al futuro. La inseguridad y la economía están en el centro de las preocupaciones, desgraciadamente la prioridad del gobierno es la continuidad de los proyectos y obras emblemáticas en curso.

La disputa electoral se anticipa encendida. El partido en el gobierno ha mostrado un desentendimiento por los tiempos formales para la selección de candidatos y fracturas hacia su interior.

Por su parte, en la oposición se encaran dificultades para construir una coalición amplia para 2023. Es muy preocupante que el INE y el Tribunal no adviertan las consecuencias sobre el derecho a ser votado en determinaciones de equidad de género para cargos unipersonales, aspecto no legislado.

Replican lo mismo que reclaman al presidente, desentenderse de la ley, que los obliga a cuidar la institucionalidad democrática.