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Las Fuerzas Armadas se dejan consentir y contratar por el Presidente.

El Presidente gana sembrando la impresión de que su vínculo con ellas va más allá de la institucionalidad, hasta la alianza política.  No sé si las Fuerzas Armadas ganan también con esto.

Creo que no. De un lado, se desdibujan como instituto armado, aparecen como una corporación milusos ávida de puestos y contratos en el gobierno, por fuera de las funciones que les marca la Constitución.

De otro lado, se abren las puertas a la sospecha de corrupción, por la discrecionalidad con que se les adjudican contratos sustraídos por decreto a la inspección pública.

Al hacer todo esto las Fuerzas Armadas colaboran a la militarización del gobierno. Su actitud puede verse como un compromiso leal con las necesidades del país y como un acto de disciplina con su comandante en jefe.

Pero puede verse también como ambición de cuerpo y afán de ganar poder político, lo que no provoca simpatía y confianza, sino incertidumbre y temor.

Las preguntas que hay en conversaciones y comentarios públicos son: ¿de qué se trata esto, hasta dónde va a llegar, cuál es su propósito oculto?

El propósito visible es claro: se trata de que las Fuerzas Armadas ganen presupuesto y poder tomados de la mano del Presidente de México.

Siguen las preguntas: ¿Para qué? ¿Quién devolverá a su cauce institucional y a sus tareas constitucionales a las Fuerzas Armadas cuando este gobierno termine?

Nos dice Lisa Sánchez que, según el Inventario Nacional de lo Militarizado, que elabora el CIDE, en los últimos diez años se han transferido 227 funciones civiles a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Nacional. La mitad, durante este gobierno.

Por el Banco del Bienestar el Ejército ha recibido 3 mil 700 millones de pesos. Por el Aeropuerto Felipe Ángeles, 3 mil 300 millones.

El Ejército hará el 40% del Tren Maya, con un costo de 125 mil 800 millones. Ver aquí. Supongo que hay sectores importantes de las Fuerzas Armadas a las que no les gusta la cooptación presidencial. Tienen razón.

Es demasiado grosera, e induce a la crítica y a la murmuración, más que al respeto a la corporación militar.