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Condenar la invasión rusa a Ucrania, pero querer matizar un señalamiento que tiene que ser enérgico con aquello de que también hay que condenar las invasiones de Estados Unidos y de China no es el respaldo que ni Washington ni el mundo occidental quiere escuchar de México.

En primer lugar, porque ni los chinos ni los estadounidenses están invadiendo a nadie y no es momento de ponernos históricos ni dogmáticos.

Tienen esas palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador una jiribilla ideológica que va muy bien para su clientela política, para esos grupos retrógrados que tantas porras les echan a los dictadores del mundo, pero que es una postura totalmente inadecuada del Presidente de un país democrático que claramente pertenece a un bloque.

Porque no podemos cobrar la dependencia comercial, financiera, migratoria, etcétera, que hay con Estados Unidos con la derecha y alzar con la izquierda un discurso ambiguo para quedar bien con sátrapas como Vladimir Putin, porque nos queremos llevar bien con todos.

No podemos esperar mucho de la capacidad de entendimiento global de la 4T y eso es un nuevo peligro para el país en esta impresionante década de cambios radicales.

Hace dos años México llegó tarde al control de la pandemia. La subestimación de la enfermedad por parte del propio López Obrador, con sus detente, abrásense y demás, a la par de poner al frente de la lucha contra el SARS-CoV-2 a una persona tan incompetente como Hugo López-Gatell, le costó a México un exceso de mortalidad de 653,053 personas entre enero del 2020 y septiembre del 2021, de acuerdo con datos del Inegi.

Apenas dos años después el mundo entero enfrenta otro cambio de paradigma en los equilibrios político, militares y económicos del mundo y no parece que el Presidente lo esté entendiendo.

Hay que decirlo, aunque flaco favor le hagamos ante su jefe, pero el canciller Marcelo Ebrard tuvo muy claras las dos películas. El artífice para que México consiguiera más de 200 millones de vacunas fue el secretario de Relaciones Exteriores.

Ahora, el que tuvo que salir en conferencia de prensa de emergencia a condenar enérgicamente la invasión rusa y con ello enmendarle la plana al Presidente, con aquello de que México no se mete por la libre determinación de los pueblos, fue el propio Ebrard.

La invasión rusa a Ucrania no cancela la agenda bilateral. Una eventual reforma migratoria, el tráfico de armas, las medidas proteccionistas, son temas centrales de la preocupación de México frente a Washington.

Frenar el tráfico de personas y de drogas en la frontera sur y no dañar ni a las empresas estadounidenses ni al medio ambiente con la contrarreforma energética son asuntos centrales para la Casa Blanca frente a la 4T.

Pero si algo esperan de México tanto Estados Unidos, como la Unión Europea y el resto de los aliados de las democracias occidentales es un pronunciamiento certero, sin titubeos de condena y acción económica en contra de Rusia.

Hoy sólo hay un invasor, un autócrata con claros rasgos de dictador que usa todo el poder militar, económico y nuclear de su país para apabullar a un pequeño vecino. Hoy ni Estados Unidos ni China han invadido a nadie.