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Hoy todos conocimos el caso de Paola Schietekat, quien vivió uno de los momentos más terribles y desesperantes para cualquier mujer. Fue atacada físicamente por un compañero de trabajo mientras dormía en su propio departamento en Qatar.

Ella es economista, vivía en Qatar por su trabajo como economista conductual para la entidad responsable de la organización del Mundial de Fútbol 2022, como muchos otros jóvenes mexicanos que se mudaron para allá desde hace más de un año para preparar hasta el más mínimo detalle.

Todo fue a mediados del año pasado, la noche del 6 de junio, un compañero de trabajo entró a su departamento mientras ella dormía y Paola fue víctima de violencia física por ese tipo. Conforme pasaba el tiempo y su cuerpo se llenaba de moretones, decidí fotografiarse y documentar sus hombros, sus brazos y su espalda herida.

Su primera reacción fue ir con las autoridades y presentar una denuncia, todo estaba claro. Ella sabía quién era y de todo lo demás, no había la menor duda.

Pero en un país en donde “parece que odian a las mujeres”, como ella misma lo definió, se fue llevando una serie de sorpresas que su propia historia de enojo y dolor, se volvía en su contra.

No bastó encararse con el agresor, porque él sabiendo la fuerza de la voz masculina en ese territorio, dijo que era su pareja y pues que nunca existió ningún tipo de “falta”. Paola no sabía que dentro de las leyes islámicas, las mujeres que son víctimas de violencia sexual terminan siendo juzgadas por adulterio, es decir, la culpable era ella y no él.

Cuando me enteré por la mañana quería creer que era una noticia falsa, y me hizo recordar cuando viajé a la India y personal de la embajada de México en aquel país nos advirtió que yo no podía andar sola en la calle, mucho menos de noche; y en caso de que lo hiciera corría el riesgo de ser violada y la culpa iba a ser mía.

Así como se lee, así es.

Eso le pasó a Paola, en un país con leyes islámicas que aunque son más permisivas que en otros países, el tema de la violación sigue siendo igual.

Su proceso ha dejado la sentencia en pausa: siete años de cárcel y cien latigazos. Está a semanas de tener que volver a una tercera audiencia.

Tuvo que pasar un año entero para que todos nos enteráramos no solo de tan lamentable caso, sino de la falta de apoyo por parte de la Embajada mexicana en Qatar, no hubo diplomático que le diera el acompañamiento con la suficiente preparación de defender ante tribunales a una mujer mexicana víctima de violencia física.

La recomendación más alta que recibió por parte del cónsul fue cerrar bien la puerta de su departamento al irse a dormir.

Hoy las redes sociales se movilizaron en positivo, se pasó la noticia de un medio a otro, de un comunicador a otro y de pronto ¡Pum! Todos estábamos enterados, hasta la propia Secretaría de Relaciones Exteriores.

Qué bueno que las redes sociales siguen demostrando que pueden servir para unirnos de manera propositiva, y así todos pudimos seguir siendo testigos del caso de Paola y el cómo fue recibida por nuestro Secretario Marcelo Ebrard para aclarar su caso, y ahora sí, recibir un apoyo directo por parte de su país en Qatar.

Mi pregunta surge a raíz de ver la foto con la que “tanto” gusto se compartió, en donde aparece Paola y Ebrard. ¿Quién les pidió la foto? ¿Quién les pidió que sonrieran o quién les contó un chiste para que lo hicieran? ¿Quién no vio el espacio entre los dos, y claro los cables al fondo?

Todo esto contando que hemos visto al Secretario con mucha cercanía con jefes de estado y con otros personajes, incluso, non gratos como Nicolás Maduro. ¿Por qué una foto tan forzada? ¿Qué causa gracia, si quien está a su lado está siendo víctima en otro país y nadie ha sido para tenderle la mano?

Ella sonríe, sí, pero porque no le queda de otra y desconozco quién les dijo que posaran para la foto y qué le habrán dicho, porque dudo que sin ese comentario, no hubiera reído así, incluso está “roja”.

Los enchufes de al fondo, solo es el propio desinterés de quienes estuvieron presentes.

Las mujeres seguimos estando de lado y no cerca, que es lo peor.

Una fotografía de muy mal gusto, por parte de quienes saben de diplomacia, bueno eso creo yo.

¿Quién pidió la foto? - ebrard-y-mexicana-1024x768
Foto de Twitter.