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Desde los más antiguos recuerdos de mi infancia, he tenido un balón de fútbol en mis pies. Siempre con la advertencia de que en cualquier momento era hora de salir a la calle a jugar una cascarita.

Crecí con mi hermano mayor, cuatro años más grande eran suficientes para ir tras él cuando salía a jugar fútbol con los vecinos y con sus amigos.

Era Laura o Laurita, la hermana de Ramiro que jugaba fútbol.

Muchos años jugando, raspándome las rodillas, aprendiendo a “poner” el cuerpo para defender la pelota en el asfalto y después en la cancha.

En la primaria y secundaria, ni de chiste se veía claro que fuera posible que tuvieran una selección de niñas de fútbol, entonces no me quedaba de otra más que estar en la de basket, volley y los sábados jugar con los niños de salón.

Siempre jugué y los fines de semana veía los partidos de mi Monterrey, ahora Rayados.

Confieso que el Toluca era de mis favoritos, y el domingo era obligatorio ver Acción para seguir discutiendo si era o no penal o ver los goles otra vez.

Fue hasta la prepa que entré al Tec de Monterrey que había de manera oficial una selección de fútbol femenil. El sueño parecía cumplirse, por fin. Hice mi semana de prueba con unos tachones prestados, con los que tuve que aguantar ampollas porque pues no era mi pie.

Quedé y el resto fueron los tres años de prepa y otros tres de carrera jugando, viajando, ganando, perdiendo, pero en el fútbol.

Hoy les escribo porque estoy en el estadio de mi equipo, pero viendo a las niñas jugar en vivo y a todo color.

Fui a tomar unas fotos muy cerca de la cancha, pero nada como un telefoto del fotoperiodista Miguel Sierra.

Después de 5 años de haberse inaugurado la Liga Mx Femenil, estoy viéndolas por primera vez en vivo.

Puedo decirles que ésta, mi primera vez viendo jugar a mujeres de manera profesional, es una especie de sueño y algo que veía tan lejos desde que era adolescente.

Las mujeres han callado bocas en la Liga Mx.

Nuestros equipos regios, Rayadas y Tigres, tienen un nivel de primera y cada encuentro entre ellas, más que representar un Clásico Regio, es la muestra más clara que las mujeres podemos jugar y hacer fútbol.

A mis 39 años me sigo maravillando de ver a más niñas y mujeres jugando fútbol y jugarlo bien, libres y de manera profesional.

En la foto, mi equipo y la afición de blanco y azul que desde pequeña no he dejado de ver.

¡Qué bonito es lo bonito!

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