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Si con el asalto electoral de Evo Morales en octubre de 2019, el gobierno mexicano perdió la oportunidad de quedarse callado un par de días; ante el asalto electoral de Daniel Ortega en Nicaragua el domingo, ya perdió la oportunidad de decir algo.

Cuando Morales tiró el sistema por la noche (porque iba abajo en el conteo) y al reactivarlo en la mañana ya había ganado, México fue el primer país en reconocer su triunfo. Por eso, después, debió traerlo y hasta darle CURP.

OEA, Unión Europea, ONU, los dos socios del T-MEC (Estados Unidos y Canadá) empezaron a exigir una segunda vuelta y auditorías al escrutinio del proceso electoral. Pero México ya había ungido a Evo Morales. Y se quedó solo.

Ahora, sin embargo, el gobierno mexicano lleva cinco días callado, sin sumarse al resonante repudio mundial contra el sátrapa Ortega, después de que éste se robó las elecciones, compitiendo contra sí mismo, tras encarcelar a todos los candidatos.

OEA, Unión Europea, Naciones Unidas, los dos socios en el T-MEC (Estados Unidos y Canadá) decidieron desconocer los resultados del fraude de Ortega. Pero el gobierno de México lo apoya con su silencio.

El presidente apela en estos casos a que su adminoistración no interviene en asuntos externos. Pero sí interviene. Acaba de votar contra Israel, su principal socio en Medio Oriente, con 45.2 por ciento del comercio con aquella zona.

En la votación contra Israel, por unos cohetes en Gaza, unió su voto al de los únicos que hoy apoyan a Ortega: Rusia, Cuba, Irán, Siria, Venezuela Bolivia, Nauru y las regiones separatistas de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur. México ha escogido ese grupo.

De modo que, en el entendido de que quien calla otorga, el gobierno mexicano se niega a condenar a Ortega, quien para ganar de nuevo encarceló a los siete aspirantes opositores, activistas, empresarios, periodistas, feministas y analistas políticos.

Sobre los encarcelados, Ortega dijo ayer: “Esos que están presos ahí, son los hijos de perra de los imperialistas yanquis. Se los deberían de llevar a los Estados Unidos. ¡No son nicaragüenses, No tienen patria!”.

Ante eso, el gobierno mexicano calla, porque dice que no me mete en asuntos de otros países. Pero no es cierto, porque apoya en el Zócalo a la dictadura cubana en su ofensiva feroz contra decenas de adolescentes y jóvenes encarcelados por gritar “Patria y Vida”.

El 16 de septiembre pasado, el presidente de México exclamó en un discurso que “Cuba debiera ser declarada patrimonio de la humanidad”. Sin embargo, Cuba prohíbe las elecciones, la libertad de expresión, de prensa y reunión, la propiedad privada, el credo…

Hasta Ortega prohíbe menos que Cuba.

Y la 4T está con ambos.