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Llegó un momento en que China construía al mismo tiempo las cinco presas hidroeléctricas más grandes del mundo, incluido ese portento llamado la presa de las Tres Gargantas que no tiene igual en todo el mundo.

La multiplicación de puertos y aeropuertos, carreteras y ciudades dieron fama a China de ser no un país en desarrollo sino un auténtico milagro, con tasas de crecimiento tan elevadas que había necesidad de manipular sus reportes para no angustiar al mundo.

Pero la China maquiladora quiso dar paso a un país de consumidores, como lo son sus grandes competidores. Porque el gigante asiático tendrá la mayor población del mundo, pero su porcentaje de consumidores era y sigue siendo bajo.

Y así como la crisis griega nos recuerda al México de inicios de los 70, cuando los gobiernos no supieron cómo manejar las finanzas del país y nos sobreendeudaron para después llevarnos a las crisis, así la semilla de la crisis china que ahora crece nos debe recordar al México previo al crack bursátil de 1987, cuando un mercado mal manejado invitaba a participar literalmente a todo el mundo. La gente vendía sus casas, se endeudaban e invertían lo que no tenían porque las ganancias estaban garantizadas.

La ambición y la mala regulación dieron paso al derrumbe de la Bolsa y a la pérdida del patrimonio de miles de personas que demostraron su inexperiencia y su avaricia.

Ahora, los chinos pagan su cuota correspondiente, después de ganar el año pasado 150% en la Bolsa, le llega el momento de bajar de esa misma forma tan estrepitosa.

La excesiva liquidez, los préstamos incondicionales y la participación popular en los mercados de renta variable son un diseño del gobierno comunista chino en un afán de aumentar el volumen de su mercado interno de consumo, por eso ahora son ellos los que quieren frenar su creación.

Lo importante ahora es encontrar los hilos conductores entre el crack bursátil chino y su economía. Entre la caída del precio de las acciones y la posibilidad de una desaceleración mayor.

Evidentemente que el foco rojo se enciende en el mercado de las materias primas, donde los efectos de la desaceleración mundial, con énfasis en la baja actividad china, se notan en precios castigados de commodities como el petróleo.

El impacto de la baja en la demanda, y con ello de los precios, se sentiría sin amortiguadores en los países emergentes que viven de la comercialización de materiales básicos. Pensemos en Venezuela y su crisis petrolera o Chile y su dependencia de la venta de cobre.

Grecia es la economía 38 del planeta con todo y sus poco más de 10 millones de habitantes. Pero China es la segunda economía del mundo, con ese mercado de 1,400 millones de habitantes. Y los dos en crisis son una combinación letal para la economía.

Entonces, si la crisis bursátil china que está en curso se materializa en un impacto económico, estamos en la antesala del peor de los escenarios, sobre todo para los países emergentes que no tienen la capacidad de sustituir las exportaciones manufactureras asiáticas, pero sí pagan las consecuencias de vender menos materias primas.