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Lo que Rogelio Ramírez de la O necesita, y ya con urgencia, es que una mayoría de diputados apruebe su nombramiento como secretario de Hacienda. Porque si bien en estos tiempos no hay más palabra que valga que la del presidente Andrés Manuel López Obrador, de cualquier forma, puede haber riesgos legales de que el nuevo titular de Hacienda tome decisiones sin la debida ratificación legislativa.

Ese es un asunto fuera de la competencia del nuevo secretario, tiene que esperar a que mañana por la tarde, como todo parece indicar, finalmente concreten ese trámite que no debería tener ninguna objeción. Y si la hay, basta con la obediente mayoría legislativa del presidente para aprobar esta decisión.

A lo que sí le tiene que poner toda la atención el nuevo secretario, más allá de que tiene un mes para presentar el Paquete Económico para el 2022, es a la política populista que su jefe quiere seguir con los precios de los combustibles más utilizados por la ciudadanía, por los electores.

Primero, claro, la gasolina que esta semana goza de un descuento mayor en el cobro del impuesto especial, lo que reduce la recaudación a cambio de frenar un poco su costo final al consumidor, todo por una promesa populista y absurda de la 4T.

Así, con las gasolinas se dejan de recaudar impuestos. Técnicamente no es un subsidio, pero vaya que hacen falta esos recursos en una economía interna que no levanta del todo para aumentar la recaudación de otros impuestos.

Algo que debe preocupar más al eventual ratificado secretario de Hacienda, debe ser esa enorme y creciente cantidad de recursos que se tienen que transferir desde las cuentas públicas a los faraónicos proyectos de Petróleos Mexicanos.

Otra vez, esa obsesión presidencial con los energéticos hace que la refinería que se construye en los pantanos de Tabasco esté llamada a ser un fracaso desde el momento mismo en que se presentó. Pero es un fracaso caro que requiere de enormes transferencias que se suman al resto de los recursos que absorbe Pemex por el cordón umbilical que la 4T le conectó a la empresa petrolera más endeudada del mundo.

Pero si hay algo que debería quitar el sueño al casi ratificado secretario Ramírez de la O es esa calentura del Gas Bienestar, junto con el precio topado del gas LP que desde esta semana distorsiona ese ya complicado mercado de distribución al menudeo.

Pero el famoso Gas Bienestar y los cientos de miles de millones de pesos que puede implicar subsidiar esos precios deben ser un foco en rojo intenso para la salud de las finanzas públicas.

Hace falta conocer la postura del casi ratificado secretario de Hacienda y Crédito Publico respecto a este dispendio tan grande de recursos ordenado por su jefe. Es muy difícil que alguien con la formación de Ramírez de la O lo haya propuesto o lo avale. Pero todavía hay que conocerlo.

El populismo energético de la 4T está llamado a ser uno de los errores financieros más caros de todo este gobierno. Falta saber cómo hará el casi ratificado secretario para que esas cuentas cuadren en los presupuestos de este y los años por venir.