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Ya se ha dicho: el mejor camino y destino para el país es la legalidad; esa es la ruta y a su vez, la meta. La ley significa dar puerta a la única justicia posible, la de las instituciones. Cumplir con la ley entraña romper con la ancestral impunidad que aún ahora lastima gravemente al cuerpo nacional. La ley es sustento de las libertades y contención contra el abuso del poder, venga de donde venga.

Deben preocupar las expresiones del líder de la mayoría en la Cámara de Diputados, diputado Ignacio Mier Velazco, plantear que en el falso dilema de ley o justicia hay que optar por lo segundo. No hay justicia más que la legal. El llamado a desentenderse de la norma no es para acreditar a la justicia, es para romper con la ley y consecuentemente con la justicia. Es inaceptable que sean los hacedores de leyes quienes reivindiquen la ruptura con la ley. Lo dicho no guarda precedente en la historia política legislativa.

La ley limita o impide que el presidente de la Corte opine o se pronuncie sobre un tema que habrá de conocer el alto tribunal. Se entiende la preocupación pública respecto a la decisión de ampliar el periodo de su ejercicio, pero no se le puede pedir que haga lo que la norma no le permite. Los funcionarios no tienen libertad de expresión, esto corresponde a los ciudadanos. Los servidores públicos tienen responsabilidades y no pueden actuar con la liberalidad que la ley concede al ciudadano.

La competencia civilizada por el poder no puede prescindir de la legalidad, de las instituciones y sus procesos. No hay coartadas para lograr los grandes objetivos nacionales. Más aún, la ley no solo es camino, sino es el objetivo que generaciones de mexicanos, de transformaciones, reformas y revoluciones no han podido alcanzar. Por eso la impunidad es la expresión que anula a la justicia e impide la salvaguarda y certeza de derechos. La cuestión es que no es permisible, aceptable o transitable la tesis de que hay que privilegiar la justicia a costa de la ley. Así es porque la ley es texto, proceso y hasta reglas de interpretación; por eso la justicia solo puede ser legal, de otra forma su sustento sería la opinión, el sentido que cada quien tiene del deber ser o de la moral. Legalidad, ruta y destino.