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El centro es difícil en medio de la polarización que padece el país. No es el justo medio entre extremos, sino la posición más racional a partir de esa demencia propia de la radicalización que invariablemente ocurre cuando imperan la pasión y la vehemencia políticas. La polarización desde el poder genera la polarización de la oposición. Así, el poder gana, precisamente porque lo que requiere es inventar un entorno irracional y con ello justificar una embestida ilegítima de los adversarios a partir del natural y democrático deseo de la derrota del proyecto gobernante.

México nunca ha sido un país de ideologías convencionales. Ni marxismo ni liberalismo han cobrado raíz en las mayorías nacionales. Lo que ha existido ha sido estatismo, aderezado por una buena dosis de caudillismo y populismo. Lo que subyace en la conciencia nacional sobre el poder es una visión religiosa del gobernante y de la sociedad y la creencia de que el liberalismo es la única tradición capaz de emancipar al país de sus fijaciones históricas.

El centro es, en ese sentido, un espacio del liberalismo. No es una cuestión de lo que la sociedad quiere, sino de lo que necesita. El déficit democrático explica las dificultades que tenemos en el país para asimilar los principios propios del régimen liberal: ciudadanía, autenticidad de la representación política, legalidad y mercado. Por eso el centro es una opción ética en el sentido de lo que debe ser. No de lo que es propio del populismo, el refugio de éste es lo que la gente quiere o cree.

La debilidad del liberalismo explica la ambigüedad, en el mejor de los casos, de los partidos políticos respecto a su agenda. México persiste como una sociedad rehén de su historia autoritaria. De hecho, buena parte de la adhesión del proyecto político actual deriva de las creencias que duermen en las capas más profundas del alma nacional (Octavio Paz dixit).

El centro no es el intermedio entre extremos, al contrario, es la opción inteligente de los extremos: optar por la razón y las opciones que tienen que ver más con la dignidad humana como punto de partida para la construcción de un verdadero y necesario proyecto alternativo de futuro para el país.

@liebano