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El 19 de octubre de 2020 escribí aquí que el Tribunal Federal Electoral había sido capturado por el Presidente y que esa captura alteraba las reglas de la democracia mexicana.

En efecto, con cuatro fallos en una sola jornada, el 15 de octubre de 2020, el Trife cambió los números y las proporciones partidarias de la democracia mexicana. En aquella jornada dio registro a los tres partidos nuevos que quería el Presidente y se lo negó al que el Presidente no quería: México Libre.

El resultado es que desde entonces hay 10 partidos políticos en México, seis de los cuales son del Presidente: 1. Morena, 2. Partido del Trabajo, 3. Partido Verde Ecologista, 4. Partido Encuentro Solidario, 5. Partido Redes Sociales Progresistas, y 6. Partido Fuerza Social por México.

Partidos no presidencialistas quedan cuatro: 1. Acción Nacional, 2. Revolucionario Institucional. 3. de la Revolución Democrática, y 4. Movimiento Ciudadano.

La alteración de las proporciones es evidente. La parcialidad del Tribunal alterará también, en los hechos, la cantidad de votos necesarios para ganar una elección. Los partidos no oficialistas deberán obtener victorias más contundentes que los otros.

Las impugnaciones de los partidos presidencialistas que lleguen al Trife serán probablemente falladas a su favor, ya que el Tribunal es presidencialista sin pudor alguno.

Exhibió su impudor nuevamente anteayer al desestimar la ley vigente que prohíbe a los funcionarios, al Presidente en particular, interferir con su discurso, con sus actos o con sus programas de gobierno en las campañas electorales.

El INE había establecido restricciones al hábito del presidente López Obrador de hablar de las elecciones en sus conferencias mañaneras.

El Tribunal Federal levantó anteayer esta restricción, a la que están obligados los presidentes desde que la protesta del propio López Obrador, en la poselección de 2006, consiguió que fuera parte de las leyes.

Ahora que el presidente es López Obrador, la medida que él impulsó le parece inaceptable. Había dicho que no iba a respetar los criterios del INE, derivados de la ley vigente, y ahora el Trife le da autorización para no cumplir esa ley.

El servilismo del Trife al Presidente es un peligro para la democracia mexicana.