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Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo en algún punto del año pasado que para diciembre del 2020 se habrían creado 2 millones de nuevos empleos, él mismo tenía la certeza de que eso no era posible. Pero lo declaró, porque eso es lo que querían escuchar sus seguidores, que él tenía todo bajo control.

La 4T es un asunto de fe y su líder, López Obrador, goza de esa ceguera de sus seguidores que le permite, hasta la fecha, prometer sin el escrutinio de los resultados.

El desglose de la creación de esos 2 millones de empleos que hizo en mayo pasado el propio Presidente fue tan lamentable que ni sus propios funcionarios retomaron el tema y lo dejaron morir. Basta con recordar que en su plan de creación de plazas laborales consideraba el otorgamiento de un crédito como un empleo. En fin, apto sólo para feligreses de tiempo completo.

Pero cuando la cruda realidad de los números fríos que reporta el propio gobierno se encarga de dejar en claro que, lejos de los 2 millones de empleos formales prometidos, se perdieron durante el 2020 casi 650,000 empleos registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), es ahí cuando salen a relucir esos personajes indispensables en la fe “cuatroteísta”, que son los enemigos del proyecto de transformación. Alguien que cargue con las culpas.

La economía mantendrá la mala conducción mientras se mantengan esos criterios maniqueístas, pero los enemigos del pueblo son indispensables para que puedan mantener su proyecto e incrementar la polarización.

Para este gobierno, si en diciembre pasado se registró la pérdida de 277,000 empleos formales fue por culpa de los insensibles empresarios que de manera maligna contratan a sus trabajadores a través de ese mecanismo diabólico del outsourcing y los corren antes de Navidad.

La repetición de ese juego de palabras de injusticia-outsourcing ha permitido agregar al catálogo de los molinos de viento que combate la 4T esa forma de subcontratación laboral.

De esta forma, lo que ciertamente necesitaba una corrección legal para evitar abusos por parte de algunos empleadores, amenaza con convertirse en una medida gubernamental que implique la pérdida de millones de empleos ante una previsible rigidez de contratación. Pero no les importa tanto, porque aquí está el enemigo responsable.

En el caso de la pérdida de empleos registrados ante el IMSS en diciembre pasado hay más razones que superan al outsourcing.

De entrada, se trata de diciembre del 2020, el año de la pandemia. Regresó el semáforo rojo, muchas empresas bajaron su actividad y como no tuvieron ningún tipo de respaldo gubernamental terminaron el año y cerraron de forma definitiva muchas fuentes de empleo.

Cada mes se crean y se destruyen empleos, pero diciembre no es un buen mes para contratar nuevos trabajadores, sobre todo en sectores que paran labores la mitad del mes. Postergan las contrataciones y afectan las cuentas.

Ciertamente, muchos datos no los dimensionan correctamente en este gobierno, pero otros tantos los tuercen para alimentar un discurso que tiende a la justificación de los fracasos, a la polarización y a la creación de enemigos responsables.