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Cada año, desde hace mucho tiempo, sucede lo mismo con el empleo formal durante diciembre. Y ni siquiera todo ese poder político de la 4T puede frenar esa dinámica económica.

Y mucho menos este año en que muchos empleadores sobreviven de milagro. La pérdida de plazas laborales registradas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) durante este mes de diciembre no se compensa con la creación de nuevos empleos.

Y la lógica es simple, prefieren contratar en enero y en adelante, cuando no hay fiestas ni vacaciones.

En el mundo imaginario de “los otros datos” económicos del presidente Andrés Manuel López Obrador, era cuestión de pocos meses para que se recuperaran todos esos millones de empleos que se perdieron durante el cierre del primer repunte de la pandemia en México.

El gobierno dejó solos a los trabajadores, formales e informales, permanentes o eventuales, ni un solo respaldo para dar una ayuda a millones que se quedaron sin empleo. Todo porque en la visión de la 4T un asalariado pertenece a los de arriba y ya no se les iba a rescatar.

Pero el Presidente simplemente imaginó que para marzo del próximo año ese millón 300,000 empleos perdidos en los registros del IMSS se habrían de recuperar.

Nadie más ve ese milagro económico que imagina el Presidente, la mayoría de las estimaciones hablan del 2023 o del 2024 para restaurar la economía a como estaba antes del inicio de la 4T.

Pero para cumplir con el sueño presidencial era indispensable que en diciembre no se perdieran plazas laborales. Al contrario, se deberían crear al mismo ritmo de los meses anteriores.

Y así, con un pensamiento muy simplista asumieron que, si en diciembre se perdían empleos por la terminación de los contratos temporales, simplemente deberían prohibir el outsourcing para frenar esos despidos.

Nadie les explicó que se trataba de contratos ya vigentes, que las leyes no son retroactivas, que buena parte del problema de las cifras del empleo de diciembre tienen que ver con la falta de contrataciones que compensen los despidos.

Parece que nadie les dijo que este fenómeno es cíclico en la economía mexicana antes de la moda de la subcontratación.

Y menos pensaron que la falta de respaldo a los agentes económicos en plena crisis por la Covid-19 hacía prácticamente imposible a las empresas tomar esfuerzos adicionales para no afectar las cifras que imagina el Presidente.

Como acto desesperado después del fracaso del paso exprés de la ley para terminar con el outsourcing y para salvar el sueño presidencial, se sacaron de la mano un pacto entre empresas, gobierno y sindicatos para no despedir trabajadores en este mes.

Pero, aun así, no hay manera de que, en este doceavo mes del año, y en pleno repunte de casos de coronavirus con su consecuente limitación a las actividades económicas, muchas empresas terminen contratos en diciembre y recontraten paulatinamente durante el 2021.

Imaginarse cosas, usar el poder para apretar, aun en contra de la lógica y prometer lo imposible, no puede ser la estrategia de recuperación  y menos del empleo que es un tema tan sensible.