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Estados Unidos, que tanto presumía del funcionamiento perfecto de sus instituciones democráticas, tuvo espacio para Donald Trump.

Un populista que convenció a los suficientes electores para darle el triunfo presidencial hace cuatro años y le permitieron margen para aplicar una política que no tenía más sustento que sus ideas personales.

Eso sí, en un país de instituciones más débiles, alguien como Trump ya se hubiera aferrado al poder indefinidamente. Pero funcionó el sistema. Una mayoría decidió que era suficiente de Donald Trump y perdió la reelección. No sin un costo postelectoral que está en proceso de expedir su factura.

Lo que está claro es que este populista, aun sin más remedio que dejar el poder en dos meses, encarecerá lo más que pueda su salida y ha emprendido una política de tierra quemada.

Quedó claro que la fuerza de Donald Trump no es la de la movilización. Las amenazas de grupos extremistas armados tomando las calles o las marchas del millón simplemente no prosperaron. Aun los más radicales piensan dos veces un lance así en un país donde sí hay consecuencias legales.

Ese tipo de actitudes de despecho de un populista derrotado podríamos verlo en países como México. Donde la movilización social puede conseguir el poder. Pero también la derrota se puede encarecer de la misma manera, atascando las calles de simpatizantes que impidan el buen desempeño de un siguiente gobierno.

En Estados Unidos, Donald Trump parece empeñado en usar el poder presidencial que le queda para arrasar las tierras que deben llegar a gobernar los demócratas.

Se acaba el gobierno del republicano Trump, pero no se acaba la crisis económica derivada de la pandemia de Covid-19. Y lo que ahora mismo hace el gobierno saliente es dinamitar una parte de los esfuerzos de contención de esa crisis.

Lo que ahora plantea el secretario del Tesoro del gobierno republicano, Steven Mnuchin, es terminar anticipadamente con los programas de rescate implementados por la Reserva Federal (Fed).

No hay razones de peso para ello, y esto ha sido entendido en los mercados como un intento de sabotaje del gobierno de Trump en contra de la siguiente administración de Joe Biden.

Cortar los fondos para los préstamos de emergencia de la Fed puede aumentar la percepción de debilidad financiera en los mercados y provocar una oleada especulativa que acabe por afectar más el desempeño de la recuperación económica. ¿No sería ese el sueño de un populista despechado?

Es muy diferente que alguien, quien se siente el elegido, trate de imponer su transformación hasta el último minuto, aún si esa transformación ha sido un fracaso. Eso también lo está haciendo Donald Trump.

Pero no es lo mismo tratar de apresurar su agenda y tratar de imponer cuanto antes sus políticas desde el gobierno, que dejar minas sembradas al paso del siguiente gobierno con la clara intención de que fracase.

La política de retirar los fondos para los planes de financiamiento emergente de la Fed ha sido interpretada como un sabotaje al gobierno entrante.

La confrontación entre las autoridades monetarias y fiscales en plena crisis económica por la pandemia es algo que solo puede alegrar a quien cree que después de él, el diluvio.

En busca de cortar recursos

  • Quedó claro que la fuerza de Donald Trump no es la de la movilización. Las amenazas de grupos extremistas armados tomando las calles o las marchas del millón simplemente no prosperaron. Aun los más radicales piensan dos veces un lance así en un país donde sí hay consecuencias legales.
  • Lo que ahora plantea el secretario del Tesoro del gobierno republicano, Steven Mnuchin, es terminar anticipadamente con los programas de rescate implementados por la Reserva Federal (Fed).
  • No hay razones de peso para ello, y esto ha sido entendido en los mercados como un intento de sabotaje del gobierno de Trump en contra de la siguiente administración de Joe Biden.
  • Cortar los fondos para los préstamos de emergencia de la Fed puede aumentar la percepción de debilidad financiera en los mercados y provocar una oleada especulativa que acabe por afectar más el desempeño de la recuperación económica. ¿No sería ese el sueño de un populista despechado?