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La liberación del general Cienfuegos por la justicia estadunidense es un triunfo del presidente López Obrador y de su canciller Ebrard.

Tiene el perfil de una victoria diplomática pura y dura del gobierno de México sobre quienes habían logrado en aquel país acusar y detener a Cienfuegos: la DEA y la Corte del distrito este de Nueva York, famosa por su independencia, pero sujeta, como vemos, a intereses políticos mayores como la seguridad nacional y la política exterior.

Es más claro ahora lo que había sugerido Jorge G. Castañeda desde el principio del incidente: que lo de Cienfuegos sucedió por los márgenes de autonomía relativa de agencias y fiscalías estadunidenses en los días finales de un gobierno particularmente descoordinado y caótico. (“Cienfuegos: fin de la historia”: https://bit.ly/3pD3DwS).

La DEA jugó su carta acusatoria, una fiscalía se la hizo buena, y luego vino el gobierno federal estadunidense y echó para atrás todos los pinitos en aras de intereses superiores.

Se dice rápido, pero algo debió jugar muy bien México en esto para conseguir tan contundente resultado. Visto desde el lado mexicano, el asunto no es menos extraordinario.

El Presidente empezó tomando la detención de Cienfuegos como un triunfo de su gobierno y acabó usando el caso para cerrar filas con el Ejército.

Su triunfo diplomático es también un triunfo político interno, pues la liberación de Cienfuegos cohesiona al Ejército en torno al Presidente, siendo ese mismo Ejército el que estaba molesto, murmurante y dividido porque no veía al gobierno defender al general Cienfuegos como emblema de la corporación castrense.

Ese mismo Ejército debe estar ahora contento y unido, como corporación, en torno al gobierno que la ha defendido.

Desconocemos cuáles fueron los argumentos ganadores de México. Se dice que fue la advertencia de que, sin confianza entre los gobiernos, no habría cooperación de México, al menos no del Ejército, en materia de seguridad.

Difícil imaginar a EU aceptando este argumento sin pedir algo a cambio como mayores facilidades y mayor cooperación para sus agencias en México. El hecho es que el Presidente mexicano y su canciller salen muy fortalecidos de este trance, con el Ejército a su lado.