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Entre ofensivos mensajes de fanáticos protofascistas, en el vecindario de abajo en milenio.com, donde lectores opinan de lo que aquí se escribe, Quintín López advierte: En sentido amplio, todos los funcionarios corruptos son unos traidores a la patria, pero antes deben probarles el cochupo.

Lo demás es por añadidura… Plena coincidencia. En lo que respecta a Luis Videgaray, lo que más alarma es que la hilarante acusación en su contra se base en la declaración ministerial de Emilio Lozoya, quien dice que aceptó corromperse para que el dinero sucio sirviera de incentivo en la compra de votos legislativos para la reforma energética y para financiar campañas del PRI.

Sin embargo, el abogado del director-corruptor en México de Odebrecht dice que los cohechos fueron para lo que quisiera Lozoya, a quien presintieron ocupando una posición relevante en el gobierno peñanietista y facilitándoles conseguir jugosos contratos. Lo jalado de los pelos es que la Fiscalía General de la República, dando por ciertos los dichos del exdirector de Pemex, le cuelgue a Videgaray, entre otros, el delito de “traición a la patria”… y a Lozoya no.

Tiene razón Quintín López: “En sentido amplio, todos los funcionarios corruptos son unos traidores a la patria”.

Como aquellos, por cierto, que participaron en la llamada estafa maestra, verbigracia el ex oficial mayor en las secretarías de Desarrollo Social y Urbano, Emilio Zebadúa, directamente responsable de firmar convenios, realizar contratos y autorizar pagos del probable desfalco a la nación por más de 5 mil millones de pesos. El pobre diablo, se sabe ya, está más que puesto para lozoyar y señalar a quién sabe quiénes, incluida su ex jefa Rosario Robles, con la cobarde coartada de que solo acató instrucciones.

La señora, por cierto, advirtió hace días que pronto se conocerían delaciones de ex servidores públicos, y denunció que la FGR, a cambio de permitirle sortear su proceso en libertad (como en derecho le corresponde), la sigue presionando para que se vuelva delatora.

Con las proporciones debidas, Lozoya y Zebadúa son de la misma calaña de los criminales de guerra nazis que en los procesos de Nüremberg arguyeron que cometieron matanzas de millones de seres humanos porque eso se les ordenó. Pese a la observación de fondo que hace Quintín, los asuntos de justicia no son de aplicación amplia sino específica. De otra manera, inclusive los delincuentes comunes podrían ser acusados de “traicionar a la patria”.

De acuerdo con el Código Penal Federal, se castigará con prisión de cinco a 40 años a quien “realice actos contra la independencia, soberanía o integridad de la Nación Mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero…”.

Por los tristes 10 millones de dólares que Odebrecht regaló a Lozoya, aun si éste se hubiera mochado con Videgaray, ¿de veras México perdió “independencia, soberanía o integridad”? Sugerencia a la solemne pero “patriótica” y chistosa Fiscalía: no mammy blue.