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La mejor línea discursiva del régimen se ha desinflado estrepitosamente. Y aunque puedan estar guardando los mejores capítulos del combate a la corrupción para cuando se acerquen las elecciones, hasta ahora el expediente estrella de la 4T, el caso Lozoya, ha sido un fracaso rotundo.

Y más cuando las evidencias de la corrupción le tocan la puerta a este gobierno y puede convertirse en un boomerang, en lugar de una ventaja comparativa con el pasado.

Por ello es que necesitan otro tema, algo que atraiga a esa masa de feligreses que no verán el nombre de Andrés Manuel López Obrador en las boletas electorales del 2021.

Morena, el partido del Presidente, hace poco por ubicarse como referente de la transformación. Las ambiciones, los pleitos por el poder, las trampas internas son muy parecidas a las del viejo priismo.

Se han dado con todo al interior del partido de la 4T y eso la gente lo percibe y no le gusta. Por más que sea el partido del Presidente.

Por ello, el tema energético le viene como anillo al dedo a López Obrador para polarizar, victimizarse y revivir uno de los viejos mitos de la historia mexicana.

El régimen priista se encargó de relatar la expropiación petrolera como un acto de valentía presidencial. De cómo Lázaro Cárdenas, contra viento y marea, se atrevió a quitar de las manos de los ambiciosos extranjeros el petróleo de los mexicanos. Quienes gustosos llevaban a Palacio Nacional lo mismo joyas que gallinas para pagar las indemnizaciones.

Debe ser un sueño para el actual Presidente emularse con el “Tata” Cárdenas, con el pueblo bueno llegando hasta Palacio Nacional a apoyarlo para sacar a esos abusivos españoles que se aprovechan de los recursos naturales de los mexicanos. Porque, por lo visto, para la 4T la electricidad es un bien natural que se da en minas o en pozos.

Está claro que Andrés Manuel López Obrador necesita aparecer en la boleta del próximo año para evitar que su partido se derrumbe. Y la bandera energética, con todo y ese discurso trasnochado de la defensa de la soberanía, alcanza muy bien para jalar los reflectores de muchos de sus seguidores.

Pero revivir ese viejo discurso del sector energético estatal implica muchos problemas en un país al que los inversionistas le creyeron esas reformas de apertura. El sueño del regreso al pasado fracasado anticipa conflictos internacionales importantes para México.

Dice el Presidente que va tras una contrarreforma constitucional, esa podría ser la línea discursiva para la campaña del próximo año. Pero aún si conservara su mayoría en la Cámara de Diputados, no tendría, aparentemente, los votos suficientes en el Senado de la República. Salvo que el PRI pudiera ser, digamos, convencido de alguna manera para respaldar tal aberración.

Pero en lo que consigue su reforma energética, el Presidente está obligado a respetar las leyes actuales y a no bloquear a las empresas particulares para beneficiar a Pemex y a la CFE.

Esa actitud polariza, el Presidente lo sabe y quizá es lo que quiere.

Regreso al pasado

Debe ser un sueño para el actual Presidente emularse con el “Tata” Cárdenas, con el pueblo bueno llegando hasta Palacio Nacional a apoyarlo para sacar a esos abusivos españoles que se aprovechan de los recursos naturales de los mexicanos. Porque, por lo visto, para la 4T la electricidad es un bien natural que se da en minas o en pozos.

El régimen priista se encargó de relatar la expropiación petrolera como un acto de valentía presidencial. De cómo Lázaro Cárdenas, contra viento y marea, se atrevió a quitar de las manos de los ambiciosos extranjeros el petróleo de los mexicanos. Quienes gustosos llevaban a Palacio Nacional lo mismo joyas que gallinas para pagar las indemnizaciones.

El viejo discurso del sector energético estatal implica muchos problemas en un país al que los inversionistas le creyeron esas reformas de apertura. El sueño del regreso al pasado fracasado anticipa conflictos internacionales importantes para México.