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Hay mucha valentía y arrojo para atacar en las mañaneras a la prensa crítica y a los opositores que tienen la osadía de pensar diferente a la 4T. Pero cuando se trata de fijar postura ante los insultos y amenazas de Donald Trump ahí sí hay amor y paz.

El republicano ha utilizado la denostación y las amenazas como una forma de mantener al gobierno mexicano andando al paso que él quiere.

La amenaza de terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte sirvió para sentar a la pasada administración y a la actual a negociar un nuevo acuerdo bajo los términos de la Casa Blanca.

En materia migratoria, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador inició su administración abriendo las puertas de par en par a los centroamericanos para que entraran sin restricciones al territorio nacional y tras la presión de Trump, la 4T acabó por convertirse en la patrulla fronteriza al servicio de los intereses estadounidenses con el uso de la flamante Guardia Nacional.

Y ahora que en plena campaña electoral Donald Trump vuelve a amenazar a México con los asuntos relacionados con el narcotráfico, hay que ver si el republicano acepta la manita alzada con la señal de amor y paz.

El presidente de los Estados Unidos le tiene tomada la medida al presidente de México, es capaz de llevarlo a la Casa Blanca para tomar una foto que hoy usa en campaña y hace que la 4T lo festine como un triunfo de la relación bilateral.

A pesar de todo, la relación entre los dos presidentes es muy llevadera, porque cada uno entiende su papel. Al final, Donald Trump y López Obrador tienen muchas similitudes. En sus reacciones ante los opositores, en sus enojos con la prensa crítica, en el uso de la verdad alternativa cuando algo no les sale bien. En su envoltura de opositores al establishment político.

¿Cómo sería la relación del gobierno de Estados Unidos con el mexicano si Donald Trump pierde las elecciones dentro de poco más de un mes y en enero del 2021 asumiera la presidencia Joe Biden?

El primer contraste se daría con la decisión de los estadounidenses de abandonar un estilo populista para regresar al tono de la institucionalidad de la política.

Los demócratas querrán gozar de las mieles de que las fuerzas armadas mexicanas les sigan cuidando las fronteras, pero querrán aprovechar los capítulos laborales del T-MEC para terminar con los abusos sindicales en este país. Algo difícil para el neocorporativismo de Morena.

Biden querrá explicaciones de los abusos en contra de los empresarios estadounidenses, a los que no les han respetado contratos, sobre todo en materia energética. Y una administración con ese sello progresista querrá saber por qué México ha abandonado sus compromisos con el medio ambiente.

El gobierno mexicano nunca ha tenido realmente una buena relación con las administraciones. Barack Obama era muy simpático, pero, a la callada, fue duro con México.

Pero ahora, con un gobierno como el de López Obrador, con el que evidentemente tendrían tantos contrastes, la relación podría ser más tirante.

Lo que vendría para la relación bilateral

  • 3 de noviembre es el día de la elección en Estados Unidos.
  • El gobierno mexicano nunca ha tenido realmente una buena relación con las administraciones. Barack Obama era muy simpático, pero, a la callada, fue duro con México.
  • El primer contraste se daría con la decisión de los estadounidenses de abandonar un estilo populista para regresar al tono de la institucionalidad de la política.
  • Los demócratas gustarán de que las fuerzas armadas mexicanas sigan cuidando las fronteras.