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El pretexto del retraso de un proyecto por la pandemia le queda muy bien a muchas cosas, menos al plan de infraestructura energética que había prometido el gobierno federal que estaría incluido en su Plan Nacional de Infraestructura de noviembre del año pasado y después se habían puesto como fecha máxima febrero de este año. Todo antes de los efectos en México del Covid-19.

No fue la pandemia la que detuvo el plan energético prometido por el Presidente. Fue ese cáncer ideológico que acompaña al actual gobierno que ha bloqueado sistemáticamente la participación privada en el sector energético.

Antes de que le dieran portazo a los empresarios, que ahora justifican con la pandemia, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) había planteado al gobierno de López Obrador un esquema de inversión privada, o conjunta, en 137 proyectos energéticos.

Lo que la iniciativa privada recibió como respuesta en el confinamiento fue un memorándum donde, en resumen, la 4T pretende que el manejo del sector energético regrese a las políticas de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos.

Para cumplir con ese viaje al pasado, el gobierno ha incumplido contratos firmados y ha buscado la forma de darle la vuelta a las leyes vigentes en materia energética. ¿Cómo pedir confianza a los inversionistas con tales engaños? Por lo pronto, para invertir en el sector energético hoy quedarían pocos valientes.

Bien, pues va de nuevo. El presidente Andrés Manuel López Obrador prometió que esta o la próxima semana habrá de presentar su enésimo plan de infraestructura, sí uno más.

Y, una vez más, el CCE opta por un ejercicio de buena fe y cree que, ahora sí, la 4T ya entendió que necesita de los capitales privados y de respetar su palabra para conseguir una recuperación económica.

Con esa ilusión, esta cúpula empresarial ya preparó una nueva carta a los Reyes Magos en la que contempla 242 proyectos de infraestructura que implicarían la inversión de 250,000 millones de pesos.

Hay carreteras, presas y proyectos urbanos. Es un plan de inversiones que busca mantenerse lejos del sector energético, hay un solo proyecto por ahí, porque los empresarios ya tienen claro que este gobierno quiere regresar a los modelos de negocio del Tata Cárdenas de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

Así que, más que un diseño de costos de oportunidad y planes de negocio, los empresarios estarían en un ejercicio de fe y esperanza. Rogando que no les vayan a cambiar las reglas del juego. Porque, como sea, este gobierno ya tiró a la basura un aeropuerto con 40% de avance en su construcción por una mera decisión caprichosa.

Los menos creyentes optarán por no entrar en un esquema de tanto riesgo como lo que implica asociarse con el gobierno para construir. Y los más aventados querrán retornos altos que compensen el grado de incertidumbre de sus inversiones.

No hay fecha para la presentación del nuevo plan de infraestructura. Lo que hay es un retraso de dos años en lograr acuerdos de este tipo y una crisis económica sin precedentes.