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Tiene que estar muy despistado o ser muy mal intencionado el que diga que el peso se fue a 16 por dólar como consecuencia de la pasada jornada electoral, sus dificultades y sus resultados.

Desde la perspectiva de los mercados y su interés en un proceso electoral, las cosas salieron en línea con lo que desearían ver en un país democrático: reglas electorales que funcionan y resultados inciertos que se conocen sólo hasta que se cuentan los votos.

Los brotes violentos fueron los predecibles y bien localizados y la acción inhibitoria del gobierno federal de reforzar la seguridad militar funcionó a la perfección.

No hay pues ninguna queja financiera del proceso electoral, que habrá de culminar con las resoluciones judiciales en los meses por venir. Lo que hay es una enorme turbulencia mundial.

Es más, entre los principales temas de análisis de ayer y hoy para los tomadores de decisiones financieras no había apuntes de las elecciones mexicanas, había más apuntes sobre lo que Barack Obama dijo o no dijo de su moneda.

Como sea, los dólares a 16 pesos son un problema para México, como lo es que el billete verde tenga tanta fortaleza frente al real brasileño o el rublo ruso. Es una presión fiscal que no se compensa con la ventaja comercial que aporta tal depreciación.

Era políticamente incorrecto que aceptaran en la Casa Blanca que el presidente de Estados Unidos haya aceptado en el marco de una reunión internacional que la moneda de su país en los niveles de fortaleza actual es un problema.

El impacto en la política interna de escuchar a Barack Obama quejarse de la fuerza de su economía tendría efectos devastadores para su administración y su partido, por eso es que desde Washington dicen que Obama no dijo lo que dicen que dijo.

Pero si en cortito el presidente de Estados Unidos aceptó ante el resto de los integrantes del Grupo de los 7 que el dólar fuerte es un problema, está en lo correcto.

La combinación es lógica en pro de una moneda poderosa: la única economía de ese grupo que pinta para tener crecimientos dinámicos es la estadounidense, mientras que Europa se debate entre la lenta recuperación y la fractura de su moneda única.

Pero Estados Unidos puede encontrar su siguiente bache financiero en la solidez del dólar, porque le impide exportar, lo inunda de importaciones y desequilibra al resto del planeta hasta con consecuencias migratorias.

Por el otro lado, un dólar fuerte que permite un mayor número de importaciones a menores precios contribuye a la estabilidad inflacionaria estadounidense y alimenta el sector comercial que esencialmente mueve esa economía, algo que no desagrada a la Reserva Federal.

Al final, si niegan que Obama aceptó el problema de la fortaleza del dólar lo que queda claro es que no harán nada para controlar su moneda en beneficio del mundo.

Estados Unidos ve siempre primero por sus intereses, independientemente de los efectos colaterales.

Por eso la corrección de Washington es: no pidan al dólar lo que el mundo debe hacer con sus políticas económicas para recuperarse.