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La economía mexicana enfrenta su peor contracción desde la Gran Recesión del 2008-09 y la crisis del Tequila en 1995. La tormenta perfecta llegó de la mano del choque exógeno de la pandemia y la caída de los precios del petróleo, en un momento en el que nuestra economía ya exhibía señales de fragilidad.

A pesar de que la economía global y la de nuestro principal socio comercial crecía a un ritmo saludable antes de la pandemia, la actividad económica en nuestro país se había desacelerado considerablemente y se encontraba ya en recesión, o en el mejor de los casos en estancamiento.

En este contexto, nuestra economía podría sufrir una contracción superior a 10% en el 2020. Las cifras macroeconómicas y de empleo publicadas para abril y mayo anticipan una debacle de proporciones históricas. Conforme nos movemos del semáforo rojo al naranja y comienza la reapertura de la actividad económica, es lógico pensar que lo peor, desde el punto de vista económico, ha quedado atrás.

Es por eso que la pregunta relevante es ¿cuánto nos tardaremos en salir de la crisis? Según la SHCP, la recuperación será en forma de “palomita” mientras que el presidente opina que la recuperación se dará en forma de “V”. Sin embargo, las estimaciones tanto de Banxico como de la OCDE, IMEF, FMI, Banco Mundial, y la gran mayoría de los especialistas del sector privado apuntan más a una recuperación en forma de “U” con un valle duradero y un repunte lento y frágil.

Aunque la actividad económica muy probablemente tocó fondo en este recién concluido segundo trimestre del año, la recuperación enfrenta retos muy importantes por varias razones. En primer lugar, México fue de los países que menos ha hecho en términos de estímulos fiscales y monetarios para aliviar los problemas de liquidez causados por la pandemia.

La ausencia, casi total, de estímulos y apoyos dirigidos a los sectores más afectados generará secuelas importantes para millones de mipymes y sus empleados que fueron devastados por el cese de actividades. En segundo lugar, sectores importantes para la economía como el turismo, entretenimiento y restaurantes quedarán afectados mientras no haya una vacuna o tratamiento para el Covid-19.

Por otro lado, el sector energético enfrenta una situación de precios bajos que podría prevalecer por varios trimestres. Si bien es cierto que la entrada en vigor del T-MEC acaba con una fuente de incertidumbre en una coyuntura en la que México podría ser el principal beneficiario del fenómeno del nearsourcing acelerado por la pandemia y el enfrentamiento comercial entre EU y China, esto no es suficiente para garantizar que nuestra economía saldrá del bache rápidamente.

Como hemos escrito en este espacio, el creciente deterioro en el clima para la inversión privada introduce un factor de incertidumbre adicional que pesará sobre la recuperación. En este contexto, lo más probable es que nuestra economía sí registre un rebote en el corto plazo, pero su magnitud será muy inferior a la de la caída.

Mientras que el PIB se podría contraer más de 10% en el 2020, su recuperación en el 2021 y el 2022 sería de apenas 3-4%, lo que implicaría que el PIB no alcanzaría su nivel del 2018 hasta el 2023 o el 2024.