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La estrategia de redistribución y bienestar del gobierno de Andrés Manuel López Obrador muestra en estos días, agravados, sus límites de origen .

La estrategia fue desde el inicio transferir más dinero a quienes menos tienen por la vía presupuestal. Es decir, reasignando los impuestos que el gobierno cobra y los ingresos que tiene a sectores desprotegidos de la población.

Tratándose de un país que cobra pocos impuestos, el presupuesto del gobierno mexicano siempre es escaso, proporcionalmente hablando. Es poco lo que se puede redistribuir con ese presupuesto, por altas que suenen sus cifras billonarias.

El supuesto fundamental del presupuesto es que la economía funcione, que pague impuestos y el Estado los recaude.

La contradicción insoluble del proyecto de López Obrador, hoy agravada, es que la economía creció nada en su primer año de gobierno y sus fondos presupuestales disminuyeron también, al tiempo que el gobierno quería distribuir como nunca.

La reasignación presupuestal se hizo a machetazos y la redistribución en programas sociales fue magra, porque, aún cortado a machetazos, el pastel no daba para mucho.

Esta contradicción de origen del proyecto, difícil de manejar con el nulo crecimiento de 2019, enfrenta en 2020 un horizonte catastrófico de contracción económica. Por lo mismo, un panorama de menos captación de impuestos. Por lo mismo, menos disponibilidad de fondos para la redistribución social.

El gobierno complicó esta restricción original de su proyecto, comprometiéndose a no subir impuestos ni a contraer deuda pública, lo cual ató sus decisiones de reparto al pastel recibido en 2018, al pastel que no creció en 2019 y al que se achicará en 2020.

Desde el principio, el escaso pastel de los ingresos públicos, dejó al gobierno sin dinero para el otro brazo de su proyecto: mayor inversión pública en infraestructura para detonar la inversión privada.

La inversión pública cayó en 2019 y caerá en 2020. Con lo cual volvemos al límite original, agravado, del proyecto: querer redistribuir la riqueza a través del presupuesto, una pequeña parte de la riqueza que genera la sociedad, reflejada en los impuestos.

Si el país no crece y no crecen los impuestos, ¿cuánto pueden crecer el presupuesto y la redistribución de la riqueza?

La que estamos viendo: poco, menos cada vez.