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México es ya una ex potencia latinoamericana en política exterior: acaba de sufrir una derrota demoledora en la OEA, al ser apoyado sólo por dos islitas caribeñas (Antigua y Barbuda, y San Vicente y las Granadinas) y la disminuida Argentina. México ya no pinta afuera.

En una jugada ciega, sin la más mínima visión geopolítica y sólo por apoyar a los dictadores Maduro y Ortega, la 4T lideró el cabildeó en contra del uruguayo Luis Almagro, quien fue reelecto por cinco años más al frente de la OEA.

México apoyó a la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, a quien el chavismo intentó imponer, pero a la que ni siquiera su gobierno le dio el voto. México sólo le consiguió el voto de una decena de islas caribeñas a las que Maduro regala 400 mil barriles de crudo diarios.

El caso es que el gobierno mexicano no pone una en política exterior. Su más reciente desacierto había sido validar el robo de la elección de Morales en Bolivia, pese a que la OEA, la UE, la ONU y nuestros socios en el T-MEC invalidaron el resultado enseguida.

Morales era insostenible. Tiró el sistema durante el conteo de votos en la elección y después se declaró triunfador. Era una lección de primaria en política exterior: abstenerse de decir nada hasta que se aclarase la situación. Pero México reconoció a Morales ipso facto.

¿Resultado? México cargó con el peso muerto que era Morales, a quien tuvo que acoger después de que fue echado de Bolivia: le dio asilo político y hasta CURP, pero a las dos semanas debió deshacerse de él por presiones políticas de sus socios en el T-MEC.

¿El apoyo a Morales fue un error de ponderación y contención políticas impropio de un país con el historial diplomático de México? Sí. ¿Había posibilidad de repararlo y volverse a entronizar en la diplomacia regional? Sí: en la reelección de Almagro en la OEA.

Nuestros socios en el T-MEC y casi todos los países habían anunciado el voto a favor de Almagro, además del apoyo moral de 27 ex jefes de Estado y de Gobierno de España y Latinoamérica. Sin embargo, México prefirió irse con os dictadores Maduro y Ortega.

Ya parece política exterior de Estado en la 4T: ir a la contraria solo por incordiar, como es en el actual caso de la pandemia mundial por Covid-19, durante la cual México es el único país del mundo en minimizar el alcance de esta crisis universal de sanidad.

Esa actuación enrevesada en el Covid-19, y los desatinos en la OEA, colocan al mexicano en el lado de los gobiernos reacios a los preceptos de la ciencia, y defensores del comunismo enano.

Nada bueno.