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La 4T tiene enfrente una de las escasas posibilidades (en más de un año) para cumplir sus promesas de política publica y acabar con la inseguridad y la corrupción: legalizar el cultivo y producción de goma de opio, un negocio que ya no quiere el narco.

Recordemos que el grupo político que hoy gobierna perdió a una de sus estrellas nacientes a causa del cultivo de amapola en Guerrero, cuando cayó José Luis Abarca como alcalde de Iguala, tras el caso de los 43, desaparecidos por el narco.

Abarca, preso actualmente por ser señalado su autor intelectual (junto con su esposa, María de los Ángeles Pineda, a quien vinculan a Guerreros Unidos), convirtió a Iguala en principal procesador de amapola en Guerrero.

“Iguala es el escurridero donde se concentra la producción de la goma de opio de los municipios de Teloloapan, Arcelia, Totolapan, Coyuca de Catalán, Pungarabato y Cuetzala”, indica un estudio del Instituto Belisario Domínguez, del Senado.

Hasta la reciente aparición del fentanilo, Guerrero era una joya para el narcotráfico mundial: México es el segundo productor mundial de amapola (después de Afganistán) y Guerrero aporta el 90 por ciento.

De ahí que, con el reciente de abandono de campos de amapola en Guerrero (por campesinos que vivían de venderla al crimen organizado, decenas de familias entran en la miseria y el éxodo en busca de trabajo: el gobierno debe rescatarlos.

Pero rescatarlos con políticas de Estado, no con dádivas para obtener su voto. Y una política de Estado es legalizar la amapola, como coinciden senadores de todos los partidos. Incluso, ya realizaron el foro “Regulación de la amapola: retos y perspectivas”.

Su idea es legislar sobre la despenalización del uso de la amapola de manera plural, integral y directa, con la ayuda de médicos, expertos y analistas, al igual que han hecho con la mariguana, pero sin llegar a resultado alguno.

La intención es excelente, aunque corre el riesgo de ser sepultada para darle prioridad a la aprobación del cambio de la ley para la Lotería pueda rifar el avión o la eliminación de los puentes de asueto porque no son patrióticos.

Y ahí está una debilidad de la actual administración: ha tirado su capital ciudadano, político, de poder hegemónico, legislativo y de control editorial de los medios, en resolver frivolidades, en lugar de tratar asuntos esenciales de política pública para el futuro.

El avión y los puentes son nada comparados con la muerte, la miseria y la vida sin futuro de los sembradores de amapola en Guerrero y Oaxaca (los estados más pobres del país, junto con Chiapas), que, ya sin venta de amapola al narco, van a estar peor.

Y eso sí es francamente serio.