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El Inegi publicó ayer, a la misma hora, los datos inflacionarios, que tranquilizan, y un indicador de la industria de la construcción, que es uno más que deja ver que la economía estancada no tiene mucho margen para que suban los precios.

Con el Índice Nacional de Precios al Consumidor en una tasa anualizada, al cierre de la primera quincena de enero de este 2020, en 3.18%, parece que el Banco de México mantiene las puertas abiertas para seguir a lo largo de este año con su política de relajamiento del costo del dinero.

No es una preocupación directa del banco central, pero que el Producto Interno Bruto de México muestre tasas de crecimiento de 0% es una buena razón para que se relaje la política monetaria.

El valor de producción de las empresas constructoras, publicado por el Inegi, mostró un derrumbe el año pasado de 9 por ciento. Éste es un indicador sectorial que coincide con la suerte de todo el sector industrial y con buena parte de las actividades económicas en México.

Ese hermoso bosque inflacionario, en el que la cuesta de enero no le hizo cosquillas, que mantiene la inflación general dentro del rango que quiere el Banxico, tiene parajes oscuros que no se pueden soslayar.

Ahí está, por ejemplo, la promesa repetida hasta el cansancio de que los precios y tarifas del sector público no subirán más que la inflación. Se mantendrán sin cambios los precios en términos reales, repite con frecuencia el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Bien, pues el Inegi informa que el subíndice de tarifas autorizadas por el gobierno tuvo un incremento anualizado, hasta la quincena pasada, de 5.30 por ciento. Esto es claramente más que la inflación general.

La baja actividad económica se ha notado también en una disminución en las ventas de muchos productos, en especial aquellos que se pueden dejar de consumir sin comprometer la supervivencia.

Por ejemplo, la inflación de los alimentos, bebidas y tabaco, donde hay muchos de esos productos que son inelásticos, presentó hasta el corte de la quincena pasada una variación de 5.04 por ciento. Esto es, hubo aumentos que los consumidores estuvieron dispuestos a pagar.

Hay que apuntar que a este subíndice se le notó en la primera quincena de enero el incremento en los impuestos especiales a los cigarros y a las bebidas alcohólicas. Sin embargo, en los registros inmediatos anteriores, antes de este aumento en los impuestos, esos que también prometieron que no iban a subir, esta inflación específica ya estaba por arriba de la inflación general.

Mientras tanto, el subíndice de la inflación de mercancías de productos no alimenticios tuvo un aumento anual de 2.64%, hasta la quincena pasada. Aquí se nota que no hubo tanto margen para subir precios sin perder mercado.

No hubo, pues, un impacto significativo en la inflación a pesar del complicado inicio de año en materia de precios. Deberán pasar algunas quincenas más antes de tener un mejor panorama sobre los incrementos salariales y sus posibles efectos en precios. Pero, por ahora, parece que la política monetaria puede ayudar a que una moneda más barata impulse a ciertas actividades económicas.