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La buena noticia en materia petrolera es el repunte de la producción de crudo durante diciembre pasado, el mejor nivel de extracción de los últimos 14 meses. Pero en el entendido de que una golondrina no hace verano, hay que ver cuáles son las malas noticias de los datos más recientes sobre la producción petrolera mexicana.

Destaca el hecho de que la producción de crudo durante el año pasado, de 1,679 millones de barriles diarios, implicó una caída anual de 7.2%, la segunda caída más importante en la producción en una década y el nivel más bajo de producción petrolera desde 1979.

Los datos desmienten el discurso mañanero de salvación de Pemex, sobre todo porque la petrolera incumplió con este resultado su Plan de Negocios y esto afectó las metas del Paquete Económico del 2019.

Son casi 50,000 barriles diarios menos de lo estimado, lo que implica la nada despreciable cifra de 1 billón de dólares menos durante todo el año. Esto a pesar de que el precio promedio de la mezcla mexicana de petróleo sí logró rondar 55 dólares por barril presupuestados en el Paquete Económico.

El tema es que, si ese repunte de diciembre no logra mantenerse a lo largo del año, para alcanzar la ambiciosa meta gubernamental de producir 1 millón 951,000 barriles diarios, los problemas serán financieros para el país y ni qué decir para las finanzas de Petróleos Mexicanos. Y es que sueñan con 270,000 barriles diarios más que el promedio del año pasado.

El problema no es que los trabajadores petroleros puedan extraer hidrocarburos día y noche, el verdadero problema es que el gobierno federal trae chueca la mira en cuanto a las prioridades de inversión en el sector energético.

Primero, y lo más visible, el hecho de que su proyecto estrella es la construcción de una refinería en un terreno pantanoso, lejano de los centros de consumo y que está lejos de ser una prioridad. Pinta para ser un elefante blanco, quizá hasta un elefantito enano, porque podría quedar todo en una minirefinería.

Esos recursos empleados en Dos Bocas hoy urgen en proyectos de exploración y explotación de petróleo.

Un tema muy serio es que, con la mala condición financiera de Petróleos Mexicanos, esta empresa mantiene retrasos en el pago a sus proveedores, por mucho tiempo y por altas cantidades, que ponen en peligro la extracción.

Hay un grupo de contratistas de Pemex que puso como plazo la próxima semana para recibir los pagos atrasados antes de tener que dejar de operar en muchos proyectos de extracción.

Hay, por supuesto, un impedimento ideológico de este gobierno. Por una parte, rechazan en público el uso del fracking, pero en la práctica parece que esta técnica de extracción goza de cabal salud, pero la oposición presidencial pesa en las futuras inversiones.

Por otro lado, la 4T le hace fuchi-guácala a los inversionistas privados, a pesar de ser precisamente los particulares los que han logrado las tasas más altas de crecimiento en la producción petrolera. Obviamente, un feo presidencial espanta.