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Hay que subrayar que el sano escándalo público provocado por la reforma judicial anunciada en el Senado el 15 de enero no se funda en un texto oficial. Se refiere a los borradores que han circulado sin que nadie asuma su responsabilidad en ellos.

Para efectos formales, el proyecto y los senadores que han de recibirlo se encuentran, como dijo el coordinador senatorial de Morena, en la “nada parlamentaria”.

Conforme salen versiones y trascendidos, aparece en torno a esta reforma una nube política que tiene los ingredientes de una sonda, una querella o una intriga palaciega.

Me inclino a pensar que es una sonda, para medir cuánta resistencia pública habría para un proyecto judicial punitivo, pero las otras opciones no son descartables.

No especularé sobre esto, diré solo que por sugerencia de un amigo me asomé al discurso que el fiscal general de la República pronunció en el Senado el día de marras.

El discurso del fiscal tiene pasajes duros que podrían leerse en clave punitiva, como la idea de que ciertos delitos graves no prescriban nunca, o la de reducir “la multiplicación de recursos procesales inútiles”, que “son la delicia de los delincuentes y los abogados”.

Hay otros pasajes del discurso que van claramente en un sentido no punitivo, en especial lo propuesto para un trato radicalmente distinto a quienes delinquen por primera vez que a quienes son reincidentes.

Los primeros estarían sujetos a un régimen de justicia civil más que penal, y a un sistema de “cárceles abiertas, bajo control, pero cárceles abiertas”.Los segundos quedarían sujetos a un régimen carcelario donde tendrían beneficios si aceptan trabajar y capacitarse.

Quedarían en otra categoría los delincuentes “peligrosos, totalmente aislados del resto”.

El fiscal termina diciendo que presentará al Senado “una versión completa” de la reforma el 1 de febrero, para dar paso a “un debate público” en el que “haya una participación muy generosa de toda la sociedad”.

No habrá que esperar mucho para saber cuál es la versión completa y de qué tamaño será el debate. Lo cierto es que, hoy por hoy, la reforma repudiada no aparece como tal en el discurso de la fiscalía.

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