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Mañana empezaremos ya a conocer algunos datos duros del comportamiento de la economía durante este 2020, más allá de las previsiones económicas y las encuestas sobre percepción.

El dato que mañana muy temprano publica el Inegi seguramente hará honor a esa vieja costumbre de llamar a cada inicio del año la cuesta de enero.

Conoceremos los indicadores de inflación de la primera quincena de enero de este 2020 y es previsible que se les note un chipote a los precios.

La promesa era que no habría incrementos en precios y tarifas del sector público, como las gasolinas, más allá de la inflación. La realidad es que, por ejemplo, algunas tarifas eléctricas sí subieron mucho más que la medición general inflacionaria.

En la Ciudad de México también subieron tarifas, como las del servicio de agua potable, mucho más que la inflación. En todos los casos la 4T tiene un pretexto perfecto para justificar los aumentos.

Pero bueno, en general, es de esperarse que la inflación no subyacente no tenga un aumento tan importante como se ha dado durante el primer mes de otros años. Como en el 2017, cuando subió 5.03%, tras el pésimo manejo que dio el gobierno pasado a la liberación de los precios de las gasolinas. Acuñaron el término gasolinazo y de paso una burbuja inflacionaria.

Lo que hay que seguir de cerca en el reporte de mañana del Inegi es la otra inflación, la que está en el corazón de los precios, la inflación subyacente. De entrada, porque ese subíndice inflacionario está arriba de la meta del Banco de México. Su registro al cierre del año pasado fue de 3.59% anualizado.

Pero también, porque los mayores aumentos hasta ahora se contabilizan en esta medición. En especial subieron los precios de productos básicos, esos que resisten de mejor manera un incremento en los precios en estos tiempos de estancamiento económico.

Porque es un hecho que la economía estancada como ésta es una indeseable ayuda al control inflacionario.

Pero hay que ver si los aumentos en precios que efectivamente se dieron durante el arranque del año, con todo y el incremento de los salarios como un precio más, no afectaron la inflación a un nivel que pueda llamar la atención del Banco de México.

Una burbuja de una sola vez es perfectamente tolerable, sobre todo cuando el Índice Nacional de Precios al Consumidor, la inflación general, está en 2.83% anual.

Tiene margen de resistencia en la medida en que todo pare ahí, si no hay contagio en la formación de precios en esta quincena que corre y en adelante vuelve la calma inflacionaria.

Por lo pronto, parece que se desactivó la inflación como tema de discusión de la opinión pública, con todo y la poca ayuda de la Profeco de llevar a los reflectores aquello del aumento del precio a la tortilla.

Pero es un hecho que, si hay presiones inflacionarias futuras, el Banco de México no se tocará el corazón para frenarlas.