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El ojo de la aguja se hizo más pequeño y el camello creció. Con esta frase, un congresista de Estados Unidos describió el estatus del T-MEC. El receso legislativo de verano terminó y el futuro del acuerdo comercial se definirá en los próximos dos meses. No hay acuerdo en los temas sustantivos, entre demócratas y republicanos. Cada vez pesa más la campaña presidencial del 2020. El camello ha engordado y no podrá pasar por el ojo de la aguja, si no pasa algo extraordinario.

Argumentos a favor del acuerdo sobran, pero también abundan las razones para que los demócratas digan no. A favor está el hecho de que 12 millones de personas en Estados Unidos tienen un empleo que depende de las exportaciones a México o Canadá. A favor también está la circunstancia de que muchos de estos empleos se encuentran en distritos electorales que estarán en una lucha cerrada en las elecciones del año próximo.

En contra, tenemos el cálculo político de los demócratas. Éste se expresa con claridad en la estrategia de la líder demócrata en la Cámara Baja, Nancy Pelosi. Ella exige modificaciones significativas en aspectos laborales; medioambientales y en la regulación del sector farmacéutico. Sabe que la Casa Blanca no puede ceder mucho. Su táctica es hacer explícitas sus objeciones al USMCA para convencer a la opinión pública de que el acuerdo logrado por Trump no es la gran cosa. Parte de esta táctica es extender por tiempo indefinido las negociaciones con el equipo de la Casa Blanca. Si le sale bien, conseguirá evitar que Donald Trump presente como un triunfo el T-MEC en la campaña del 2020. Si le sale perfecto, conseguiría que no se culpe a los demócratas por el no acuerdo.

México ha hecho mucho en materia laboral, pero quizá no sea suficiente para persuadir a los líderes sindicales de Estados Unidos y Canadá. Algunos congresistas demócratas reconocen el esfuerzo mexicano y hablan a favor del acuerdo, pero no se puede contar con su voto porque allá también existe la disciplina partidista.

Está también el poder de las anécdotas. Hace un par de meses, un grupo de legisladores de Estados Unidos quiso hacer una inspección de las condiciones de trabajo en un par de plantas productoras de llantas en San Luis Potosí. Los administradores de las plantas, con razón, les impidieron la entrada y esto provocó una pequeña crisis.

¿Debería México permitir que autoridades de Estados Unidos inspeccionen y certifiquen las condiciones laborales en territorio mexicano? Esto no se negoció en el T-MEC, pero algunos legisladores demócratas piensan que sí. Desconfían que México vaya a cumplir con lo que dice el acuerdo y tienen dudas de que la implementación de la reforma laboral sea suficiente para emparejar el terreno de juego. Siguen hablando de dumping laboral, de parte de México.

¿Habrá T-MEC antes de que termine el 2019? En Estados Unidos predomina la cautela, pero en el gobierno de México la posición oficial es de optimismo. Así se expresa en el Paquete Económico 2020, en los comunicados de los organismos empresariales; en el mensaje de AMLO y en las palabras de Jesús Seade, subsecretario de Relaciones Exteriores: sólo falta voluntad política, dijo la semana pasada el que fuera negociador del acuerdo. Sólo falta ese detallito: que el ojo de la aguja se ensanche o que el camello se haga chiquitito.