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El expresidente español Felipe González, cuyas reflexiones sobre los riesgos globales he glosado en estos días (“Así veo el mundo”, El País, Ideas, 8/9/19), ha sido un político de alto rendimiento para su país como gobernante, es un cocinero espectacular, un cultivador de bonsáis y un artesano de collares valiosos no por el precio de sus piedras, sino por el valor de su diseño.

Es un político ilustrado, más que bien leído, un orador de grandes ecos, un conversador nato, un encantador de serpientes. A lo largo y a través de todo lo que ha sido, ha sido, raigalmente, un abogado. Un abogado en el sentido más práctico y filosófico de esa profesión: un hombre que entiende el poder fundador de las normas, la necesidad civilizatoria de las leyes, de las reglas que nos rigen.

El fondo de su reflexión sobre el mundo en que vivimos es una preocupación por el desvanecimiento de las normas, por la pérdida de poder de las reglas del juego, por un cambio de las reglas del juego que no tiene reglas, que se cambian al arbitrio de actores que las modulan a golpes de poder. No todas al mismo tiempo ni de un solo golpe, sino poco a poco, una por una, hasta debilitarlas todas.

Es el mundo sin reglas al que vamos llegando paso a paso en el orden global y en cada gallinero, según las tradiciones locales sobre cómo tratar y maltratar las reglas.

Veo en esta reflexión sobre la importancia de las reglas un instrumento sencillo y profundo para leer lo que sucede, en el orden global y en las variedades locales.

No hay manera de perderse en el rumbo que marca ese compás: ahí donde las normas están borrándose por la acción de quienes alcanzaron el poder parados en esas normas, hay un proceso de desconstrucción civilizatoria, hay un paso de lo convenido a lo arbitrario, de lo previsible a lo discrecional, de lo progresista a lo reaccionario.

El proceso de desconstrucción de las reglas vigentes, su violación recurrente o sistemática, es un rasgo común a los conflictos políticos y sociales que hay encendidos hoy, por igual , en nuestro mundo y en nuestro barrio.