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Creo que dijo bien el secretario de Hacienda al anunciar que habrá este año 450 mil millones adicionales de inversión pública para darle “un empujoncito” a la economía.

Un empujoncito keynesiano dirían los teóricos: echarle un buen chorro de lana a la demanda para dinamizar la oferta.

Se reirá de mí Gil Gamés al oírme perorar como un economista de fuste y fusta. Tendrá razón.

No puedo juzgar sobre la calidad de los proyectos anunciados ni sobre su posible impacto. No tengo idea en realidad de qué están hablando exactamente y aunque la tuviera no tendría mucho que decir. Mi juicio no es económico, sino político.

Me parece promisorio el cambio de énfasis que se insinúa en esta materia. El cambio que va de decir: “La economía va requetebién”, a decir : “La economía necesita un empujoncito”.

Creo que la preocupación de que la economía necesita un estímulo está presente también en las declaraciones del Presidente a Bloomberg/El Financiero diciendo que ojalá el Banco de México baje las tasas de interés, pues eso ayudaría a la inversión.

Cierto, dicen los especialistas, aunque eso también pondría en riesgo el valor del peso que se mantiene donde está porque paga a los inversionistas financieros, los “capitales golondrinos” de otra época, tasas mucho más altas que el dólar.

El Presidente parece sugerir en su entrevista que no le incomodaría un poco más de inflación y un peso menos firme si con esas dos cosas viniera un poco más de crecimiento.

Conjeturas aparte, el hecho es que el gobierno parece haber tomado nota de que la economía no va bien. Y de que para el fin de año puede ir muy mal, sin el empujoncito anunciado por Hacienda y sin cambios en el costo del dinero, es decir, en las tasas de interés que fija el Banco de México.

Me parece promisorio el cambio de mirada, aunque debo creerle al secretario de Hacienda cuando dice que se trata solo de un empujoncito.

Lo que la economía necesita en realidad es un gran empujón que la haga atractiva nacional e internacionalmente a los inversionistas. Un empujón que regrese, para empezar, el 2.5 por ciento de crecimiento que las decisiones del propio gobierno se han llevado.

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