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Hay imágenes que uno ve durante el día y pareciera que se quedan en la fase de la memoria más reciente, en la primera línea y no se van, no desaparecen con nada, ni con enfrascarse en otros temas.

Es un poco como las canciones pegajosas que uno no puede dejar de tararear durante todo el día, la memoria se las apropia y las distintas emociones que nos provocan no dejan de estar presentes.

Eso me pasó con las dos fotografías que comenzaron a publicarse en los medios nacionales con el rostro de Sasha Sókol de.chiquilla y el productor Luis de Llano.

Eran los 80s, ella tenía 14 años era una niña-adolescente que ya pisaba los escenarios y cantaba frente al público y a cámaras. El juego se había convertido en trabajo y su talento la proyectaba ya como una artista a su corta edad.

La declaración que hizo Sasha el día de ayer a través de su cuenta de Twitter nos dejó a todos con una sorpresa que nos revolvió el estómago. En pleno martes por la noche cuando seguíamos al tanto de las marchas en los distintos estados del país y las acciones diversas en el día de la mujer, ella se armó de valor y declaró ante cientos de miles de personas, lo que vivió a sus 14 años a lado de su manager Luis de Llano.

Él era su productor, un hombre poderoso en la industria de la televisión y la música. Él estaba a cargo de dirigir a unos chiquillos que jugaban en el escenario, que se divertían haciendo lo que eventualmente se convirtió en su trabajo.

Ella tenía 14 años, cantaba en el grupo del momento y era el inicio de su carrera que más tarde se estrenaría como solista. Pero tenía solo 14 años, era menor de edad y aunque se hable de un “noviazgo” de mutuo acuerdo, él tenía el poder y el convencimiento para mantener una relación y una carrera musical.

Las dos fotografías de ambos, en donde supuestamente corresponden las edades que tenían en aquél tiempo, 14 y 39 convierte todo en una historia reprochable.

Solo miremos las fotos, ella aún con un rostro de niña e ingenuidad, su piel intacta, el corte de cabello para la edad y haciendo su hobbie-trabajo. Con el maquillaje que exige la televisión y el espectáculo, pero sin mostrarla de más edad.

Una niña cantando, jugando con el micrófono y con las cámaras de un estudio que la hacían soñar.

Él un hombre de 39 años, que para esas edades uno le diría “señor”, porque claro con esas distancias de vida, 25 años es una eternidad, un mundo, un sinfín de historias, una o hasta ma´s vidas en medio.

Él con barba, y pareciera que hasta ligeramente canas o quizá es solo la calidad de la imagen, pero en su mirada de hombre adulto, estar con una niña de 14 años ya lo coloca en las gradas de abusador y altanero.

Estas mismas fotos van llenándose de contexto, de información, de declaraciones de uno y otro, y se vuelven más escalofriantes.

Ella viviendo con esta historia en el silencio de no hacer ningún tipo de escándalo, él declarando que fue una historia casi “normal” porque hasta la madre de ella estuvo de acuerdo e incluso llegaron a vivir juntos.

Algo no cuadra, porque seguramente no ha cuadrado desde aquellos años y es que es cuestión de ver las fotografías, sin siquiera saber las edades, para saber que algo allí no está bien.

Hay fotografías que no necesitan explicación a la hora de verlas, el entendimiento y el mero acto de transmitir algún tipo de emoción complementan un buen trabajo del fotógrafo; pero cuando las imágenes del pasado se llenan de información, retoman vida y vuelven a causar emociones distintas en quienes las ven.

Eso pasa con estas dos fotos, de alguna manera nos trasladan al pasado causándonos algún tipo de emoción, como repulsión, enojo e impotencia.

Me sumo a aplaudir la valentía de Sasha para hace público un acoso, un abuso de poder y físico, en su persona, y aunque fuera hace muchos años, estoy segura que alentará a muchas mujeres a no quedarse calladas.

Si no he podido quitarme de la cabeza esta imagen, no quiero saber el cúmulo de fotografías que ella ha de llevar consigo misma en su memoria.

Una imagen que no se borra - f960x540-487062-561137-15