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#LaPeorMamá. Nos vieron la cara
Foto de Archivo

¿Alguna vez se han enterado de alguna persona a la que le vieron la cara con la renta de una casa? ¿Han leído esos terribles casos de “llegamos a Acapulco y la casa no existía”? Terrible, ¿no? Qué gente tan mala onda que se aprovecha de los demás. O que demás tan confiados.

Me había yo enterado de varios casos, normalmente lejanos, nadie que conociera de primera mano. Hasta que me pasó a mí.

– ¿Por qué no nos vamos juntos de vacaciones en Semana Santa? – Me dijo mi amiga chilanga de Monterrey. Ajá, la conocí en Monterrey pero es chilanga igual que yo. –

Rentamos una casa, nos vamos los 8 y así los niños la pasan junto, porque se extrañan mucho.

– Oye pues suena muy bien. ¿A dónde?
– ¿Qué te parece Acapulco? Nosotros igual vamos a la CDMX en esas fechas.

Así comenzaron los planes. Y ella que es como doscientas veces más movida que yo, más temprano que tarde ya tenía varios prospectos de casa, entre ellos una padrísima de 5 habitaciones, alberca propia y un montón de cosas que parecían de ensueño.

– Oye, pero yo he visto un buen de tranzas con la renta de esas casas.
– Yo también, pero parece ser una página seria.

Total, vimos, hablamos, y finalmente nos animamos y apartamos con la mitad.

Hubieran visto la cara de mis chamacos cuando les dijimos que pasaríamos las vacaciones con sus amigos de Monterrey a los cuales adoran y extrañan.

Lo primero fue poner en el calendario los días que faltaban. Aunque en ese entonces faltaban más de 2 meses.

– Abuela, nos vamos a ir a Acapulco con nuestros amigos – contaban emocionados.

Quien veía las fotos de la casa nos decía lo bonita que estaba y el super deal que habíamos encontrado. Porque según nosotros lo hicimos con bastante tiempo de anticipación.

Todo era emoción y planeación. Hasta que un día recibo una llamada de mi amiga.

– Amiga. Tengo algo serio que decirte. – Me dijo.

Por mi cabeza pasó todo en medio segundo. Tienen COVID-19, ya no vienen, algo le pasó a alguien.

– ¿Qué pasa?
– Fíjate que ayer le iba a enseñar a Fulana las fotos de la casa y la página ya no aparece.
– ¿Cómo que no aparece?
– Sí, dice que no existe la página. Ya marqué, ya mandé mail, ya mande mensaje y pues no hay respuesta.

No les voy a hacer el cuento largo. El resumen es: Nos vieron la cara, nos robaron, nos estafaron. Y no hay ni con quién ni de quién quejarse. Se fueron sin dejar rastro.

Así como así nos dejaron sin vacación.

¿Me enojé? Claro que me enojé y me frustré muchísimo pero pensé que había dos caminos: quejarme, mentar madres y lamentarme o actuar.

Decidí que la parte positiva, porque todo tiene algo positivo, fue que no llegamos a Acapulco buscando una casa que probablemente ni existe. Agradecí esa parte y deseé desde lo más profundo de mi corazón que esas personas hayan usado mi dinero para alimentar a su familia.

Lo más complicado no fue aceptar la estafa, ese veinte me cayó muy rápido. Lo difícil fue comunicarle a los niños lo que había sucedido.

– Pero ¿cómo? ¿Nos robaron?
– ¿Ya no vamos a ir de vacaciones?
– ¿Ya no vamos a ver a los amigos?
– Qué gente tan mala.
– ¿Por qué la gente roba?
– ¿Qué vamos a hacer?
Fueron algunas de las preguntas planteadas. Para las cuales no tenía respuesta absoluta.

Y es que así pasa con los niños, muchas veces no tenemos respuestas para sus preguntas pero fingimos que todo esta super cool y que todo saldrá bien porque siempre el primer instinto es protegerlos de todos y de todo.

Finalmente movida como ya les dije que es mi cuatacha, encontró una casa en Morelos con las mismas características menos la vista al mar y otras poquitas de amenidades desde donde hoy estoy escribiendo esta aventura. Juntos, con los niños corriendo y nadando y pasándola bomba porque para ellos lo importante nunca fue Acapulco sino estar con sus amigos.

La moraleja es no rentar excepto por medio de una compañía reconocida si no queremos tener ese tipo de sorpresitas porque por mucho dinero que se añada a la cuota, la garantía es la garantía.

¿Qué tal sus vacaciones?

Gracias por leer
#LaPeorMamá