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En menos de cuatro meses, el mundo cambió
Personas usan cubrebocas en el distrito de los teatros de Nueva York, Estados Unidos. Foto de EFE/EPA/Peter Foley

A finales del año anterior el planeta era diferente. Si en noviembre de 2019 nos hubieran dicho que en menos de cuatro meses el mundo estaría de cabeza, no lo habríamos creído. Muchos recibimos con ambición el año nuevo y pensamos que sería bastante provechoso; para marzo, creíamos que estaríamos ya celebrando ganancias.

Hoy este es el escenario: naciones en cuarentena, colapsos en los mercados, ciudades cerradas por completo, cancelaciones de vuelos internacionales, el turismo gravemente impactado, países declarados en emergencia, inestabilidad de las bolsas, la activación del teletrabajo y las suspensiones de eventos sociales, deportivos y culturales, por mencionar algunas realidades.

En diciembre de 2019, se alertó sobre la presencia en Wuhan, China, de un grupo de personas con neumonía de causa desconocida. Desde entonces, todo empezó a cambiar por el bautizado como COVID-19. Pero el 11 de marzo, cuando fue declarado como pandemia por la Organización Mundial de la Salud, los gobiernos extremaron mucho más las medidas de emergencia.

México sin duda recibirá el impacto de la pandemia. El vecino del norte está en emergencia nacional y es uno de los 10 más afectados en el mundo por el brote. Los vecinos al sur adoptan medidas estrictas: Guatemala, en estado de calamidad, prohíbe el ingreso de cualquier europeo a su territorio; y Belice, el ingreso de personas que hayan estado en países con alta incidencia del virus en los últimos 30 días.

¿Qué nos depara el futuro en México?

Además de suspender clases, ¿cerrarán las empresas, se suspenderán los vuelos, eventos deportivos y de entretenimiento? ¿Dejándonos a todos aislados en la presunta seguridad de nuestros hogares?

Por desgracia, todo parece indicar que la siguiente primavera en México será como ninguna otra. Nos esperan algunos días duros y muchos cambios en nuestros hábitos.

La que para muchos es la estación del año preferida, será sacudida por un virus de poca fatalidad, pero que se transmite fácilmente y avanza hacia nosotros con rapidez.

Los que califican como un sobreactuar de la sociedad y critican una exageración que países como El Salvador que, sin presentar casos, declaró el estado de emergencia; señalan la baja fatalidad del coronavirus (menor a un 5 por ciento, es decir, sobreviven más del 95 por ciento de los enfermos), también identifican que la gripa es más mortal y que China ya regresó a la normalidad.

Pero los que sugieren extremar medidas y critican lo que consideran respuestas laxas por parte de países como México, Brasil y Reino Unido, señalan que viene un supervirus a una velocidad exponencial, que abrumará en cuestión de semanas el sistema de salud, con enfermos tratados en los pasillos, doctores agotados, trabajadores sanitarios abrumados y que algunos de ellos morirán.

La guerra contra el COVID-19 sin lugar a dudas se ganará, sin embargo, toda batalla tiene pérdidas. Lo importante es que el costo de esa victoria ante la pandemia, sea el mínimo posible. Juntos, obedeciendo las medidas gubernamentales y recomendaciones sanitarias, saldremos victoriosos de la “era del coronavirus”.

Por Alan Austria