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* Patricia Armendáriz no merece la curul que ocupa; debe ser removida

* Imperdonable insultar a los indígenas en aras del apasionamiento

* Los audios y videos que se filtran son indignantes… ¿y lo que no se graba?

¿DÓNDE QUEDÓ LA EMPATÍA?- Las disculpas en forma de video y de misiva que ofreció en días recientes la diputada plurinominal morenista Carmen Patricia Armendáriz Guerra al comisionado lacandón chiapaneco Bernardo Chankin Chambor Kin, tras haberlo insultado, humillado, gritoneado y sobajado durante una reunión que la “legisladora” sostuvo en agosto pasado con indígenas de Chiapas, y que quedó plasmado en un audio que apenas se dio a conocer, no sirven para maldita la cosa, si acaso para poner en relieve la arrogancia, la patanería, el racismo y el clasismo con el que actúan muchísimas mujeres que se dedican a la política en México y que, muy desafortunadamente, han malentendido y tervigersado por completo conceptos como el empoderamiento, la igualdad y la equidad de género. Según Armendáriz Guerra, el contexto de este deleznable episodio y con el que justifica su reprobable conducta, tiene que ver con el hecho de que ella es una mujer muy apasionada y que su pésimo lenguaje (que, supongo, no lo aprendió en la Universidad de Cambridge, en donde supuestamente estudió) es algo cotidiano en ella porque se trata de un “rasgo” de su personalidad. Sin embargo, en su carta de disculpa, que en estos momentos se puede consultar en distintas redes sociales, doña Patricia olvidó mencionar que lo que hizo es endémico de individuos que suelen considerar inferiores a aquellos que no hablan, no visten y no articulan igual que ellos. Y esta circunstancia, de supuesta superioridad-inferioridad, los conduce a adoptar un patrón agresivo de insulto, burla y humillación. Para botón de muestra, además de éste, podemos recordar el episodio que protagonizó, en el 2015, el ahora ex consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, cuando se mofó de manera racista y clasista de representantes de los pueblos indígenas. ¡Imperdonable!

INTOCABLES.- Tristemente, insisto, este episodio en el que se vio involucrada la señora Armendáriz, no es peccata minuta dentro de la política mexicana, pues cada vez son más frecuentes los escándalos que dejan de manifiesto que las mujeres son capaces de bajezas que ni los propios hombres se atreverían a ejecutar. Y ahí están, a la vista de todos, los actos de arrogancia, petulancia y prepotencia que perpetran prácticamente a diario la alcaldesa de Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, Sandra Xantall Cuevas Nieves; la gobernadora de Campeche, Layda Elena Sansores San Román; las senadoras Rocío Adriana Abreu Artiñano (Campeche) María Lilly del Carmen Téllez García (Sonora) y Kenia López Rabadán (Ciudad de México); la sepulturera de Notimex, Sanjuana Martínez Montemayor; nuestra excelentísima cónsul en Estambul (Turquía), Isabel Arvide Limón; la secretaria general del Movimiento de Regeneració Nacional (Morena), Minerva Citlalli Hernández Mora; la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), María Elena Álvarez-Buylla Roces; la Presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), María del Rosario Piedra Ibarra… y el etcétera es kilométrico. Juntas o por separado, nuestras mujeres políticas son dignas representantes de una clase que se siente intocable por el simple hecho de ser mujeres y en eso se recargan a la hora de arremeter contra aquellos que consideran inferiores a ellas, ya sea por cuestiones de género, de clase o de escalafón.

SIN RESPETO NO HAY NADA.- Definitivamente algo tiene que pasar y algo tiene que cambiar en este contexto de polarización, de crispación y de división que nos tiene peleando a todos contra todos. La clase política (sobre todo las mujeres) ya se olvidó de que son los representantes de TODO el pueblo y eso incluye a los indígenas, a los sectores vulnerables, a aquellos que no son empresarios, a los que son de piel morena o a los que no viven de forma desahogada o en fraccionamientos de lujo. Se vale discrepar, polemizar y no coincidir con algunos, con la mayoría o con todos; pero lo que no se vale es insultar, humillar, gritonear, sobajar, mucho menos se vale vociferar “bola de corruptos, ceros a la izquierda (…) usted Napoleón Gómez Urrutia, sentadito y calladito; ustedes no van a votar como perros por huesos y croquetas, van a votar como hienas”. Palabras de la senadora Lilly Téllez durante una de sus intervenciones, a finales del año pasado. Vergonzoso y vergonzante.

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