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No hay foto que los retrate.  Florestán

Durante años, en el caso de Tomás Yarrington, gobernador de Tamaulipas de 1999 a 2004, y durante meses, en el de Javier Duarte, gobernador de Veracruz de 2010 a 2016, ambos priistas defenestrados por su partido, se exigió su detención tras sus respectivas fugas.

En el caso del primero, por las acusaciones que lo relacionaban con el narcotráfico desde antes de ser gobernador, y en el segundo, por la corrupción, apropiación de recursos públicos, enriquecimiento inexplicable y robo maquinado y asociado.

En uno y otro, se daba por cancelada su detención. En el de Yarrington, por ser un tema viejo, y en el de Duarte, por ser actual con sus presuntas relaciones con el poder y financiamiento de campañas que, aseguraban, salpicaban a todos.

Y de ahí, acusaban, al gobierno del presidente Peña Nieto, las complicidades se daban por hechas y el encubrimiento por descontado.

Por todos estos enunciados, que no razones, se concluía: jamás serían detenidos.

Y sin embargo, en una continuidad inédita, en menos de una semana cayeron los dos prófugos. Yarrington al salir de un restaurante en Florencia, y Duarte en el lobby de un hotel de lujo en un resort perdido de Guatemala, Panajachel, al que la víspera habían llegado, en un vuelo privado que salió de Toluca el viernes por la mañana, sus hijos, su suegra, su cuñada con su esposo.

A la primera captura, en Florencia, siguió el escepticismo de la sospecha crónica, era un asunto del gobierno de Estados Unidos y en el que México ni las manos había metido; en el segundo, en Guatemala, que era un acto electorero.

Es decir, lo que hace diez días era un imposible, bueno, dos imposibles, que los detuvieran, se convirtió en realidad, pero a esta siguieron las declaraciones sospechosistas, encajadas en el malestar nacional y en los tiempos e intereses de campañas.

Para algunos en la política fueron peor las detenciones, que exigían, que la impunidad de la fuga, que condenaban.

Y es que, al parecer, les quitaron un tema de campaña.

Retales

1. Pistas. Dos hechos fueron centrales en la detención de Duarte: la captura en Tapachula, el pasado 10 de noviembre, de Mario Medina, primo de Karime Macías, con dos pasaportes apócrifos con las fotos de ellos pero con otros nombres, y el viaje a Guatemala, el viernes, de sus hijos y familia política en un jet privado que salió de Toluca. Desde el año pasado, el Cisen, de Eugenio Ímaz, lo había detectado en Guatemala;

2. Error. Andrés Manuel López Obrador, o quien le lleva la cuenta de Twitter, cometió un error al calificar a Duarte y llamarlo chivo expiatorio, lo que sería exculparlo; y

3. Otro. El de Ricardo Anaya, o quien le lleve su cuenta, al escribir que la detención de Yarrington fue producto de la alternancia en Tamaulipas, que nada tuvo que ver. La captura de Duarte ya no la adjudicó a la alternancia en Veracruz, reivindicación que hizo Miguel Ángel Yunes.

Nos vemos mañana, pero en privado

 

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