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Después de ocho años de haber fungido como vicepresidente y dos carreras presidenciales fracasadas; llegó el día para Joe Biden, el tan esperado, soñado y ansiado en su vida, para dar un discurso como el presidente número 46 del país norteamericano.

Ataviado de color azul demócrata, con traje y abrigo clásico de la firma Ralph Lauren, elegante, sobrio, corbata azul y discreta, no como aquella roja ancha que nos quedó en la memoria tras la toma de posesión del ex presidente Donald Trump.

Como si todo volviera a la normalidad, nada de excesos, tallas extra grandes y todo de manera sobrada. Joe Biden llega sin excentricidades y buscando, entre otras cosas, reconocerse con la gente de Estados Unidos.

Sin duda fuimos testigos de una toma de posesión e investidura presidencial emotiva, reconstrucción de una confianza en la democracia y en los valores patrióticos que por siempre han defendido en su país.

Joe Biden llegó como un presidente electo sumamente sensible, lo vimos un día antes en uno de sus discursos previos al “gran día” en donde no pudo contener las lágrimas al recordar a su hijo Beau Biden, quien muriera tras una batalla contra el cáncer.

Un hombre siempre cercano a la familia y sobre todo a su mujer, una pareja que se perfila para igualar el trabajo en equipo como Barack y Michelle Obama.

Aunque Jill Biden, no cuente con el auténtico carisma y energía física de Michelle, ha sabido ganarse el cariño de mucha gente y sobre todo el respeto ante los norteamericanos y políticos por su personalidad inquebrantable y sensible ante los golpes de la vida que se ha llevado su marido, Joe Biden.

La hoy primera dama, conoció a Joe Biden años después de que él perdiera a su primera esposa y a uno de sus hijos en un accidente automovilístico.

Dentro de los 44 años juntos, Joe y Jill han estado juntos en las buenas y en las malas, en campañas interminables para llegar a Washington como mandatario de su país, dos veces sin éxito.

Lo más cercano que estuvieron fue siendo vicepresidente en el tiempo de los Obama, y ella en su puesto de segunda dama en donde trabajó de la mano de Michelle en distintas causas relacionadas a la educación.

Una pareja sólida y leal, es la que se detuvo un par de minutos antes de abrir la puerta de la Casa Blanca de manera oficial como el presidente y la Primera Dama de Estados Unidos.

La foto que hoy le presento de la fotoperiodista Shawn Thew es un momento íntimo, un micro momento de quienes se han confiado todo y que a partir de hoy fueron y serán vistos por el mundo entero.

Una pareja unida y con fe inquebrantable - una-pareja-unida-y-con-fe-inquebrantable
Foto: EFE / SHAWN THEW

Dos camarógrafos cercanos, agentes de seguridad, a lo lejos los fotógrafos y sobre todo las miradas incesantes hacia ese abrazo y beso significativos de victoria.

A principios del año pasado en un mitin en Los Ángeles, dos mujeres fanáticas se subieron al escenario mientras Joe Biden hablaba y la sorpresa fue que Jill se convirtió en su protectora, lo encubrió, custodió y aparte de todo puso las manos frente a una de ellas para quitarla de encima.

Biden la describió como “endemoniadamente dura y leal” y cómo no, si ella no ha dejado de estar a su lado.

Por ello elegí esta imagen, a sabiendas que hay cientos o miles muy buenas del día completo de la llegada de Biden y Harris, sin embargo, este es otro instante visual de un presidente altamente sensible.

Todo lo opuesto a la lejanía y gélida relación de Donald Trump con Melania.

Una pareja que busca conectar con la gente, que no busca el derroche de egoísmo y poderío, sino todo lo contrario.

Una primera dama comprometida con las mismas causas que su marido, y de quien seguramente dará mucho de qué hablar.

Alguna vez le preguntaron a ella que cómo se podía mantener una familia y ella respondió que de la misma manera en que se unifica una nación: con amor, comprensión, pequeños actos de compasión, valentía y con fe inquebrantable.

Justo eso fue lo que encontré en este acto fotografiado por Thew, un hombre y una mujer que han pasado por la muerte, la derrota y la adversidad.

Una imagen llena de emociones que empodera a la nueva pareja presidencial.

Así inicia la historia de los Biden en la Casa Blanca.