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Por muchos seguidores que Joaquín López-Dóriga tenga en el ciberespacio y suponiendo, desde luego sin conceder, que con su tuit sobre la inaudita demostración de fuerza de la banda Jalisco Nueva Generación haya hecho “la apología de una especie de desfile que hicieron los de un grupo de la delincuencia, de un acto de propaganda”, o sea, que haya cometido un crimen tipificado en el Código Penal Federal, tiene mucha más resonancia su amplificación, desde Palacio Nacional, en labios del presidente de la República.

De otra manera dicho, tanto mi querido compañero de oficio y páginas como mi respetado Andrés Manuel López Obrador estarían en riesgo de que la Fiscalía General de la República les abriera una carpeta de investigación y los acusara con base en el artículo 208 del Código Penal Federal: “Al que provoque públicamente a cometer un delito, o haga la apología de este, se le aplicará de diez a 180 jornadas de trabajo en favor de la comunidad y hasta cuatro años de cárcel si el delito no se ejecutase; en caso contrario se aplicará al provocador la sanción que le corresponda por su participación en el delito cometido”.

Si bien el casi centenar de hombres y vehículos camuflados, armados y artillados no constituyen precisamente un “ejército” (como escribió Joaquín), la unidad paramilitar que se aprecia en el video equivale cuando menos a una compañía regular comandada por un capitán, que se integra con dos o más secciones, éstas con dos o más pelotones conformados por dos o más escuadras de tres o más efectivos a las órdenes de un cabo.

“Nunca se había difundido tanto un video así. Hasta los intelectuales orgánicos y no orgánicos lo difundieron, fue una gran noticia”, reprochó el Presidente, desconocedor de que lo insólito y trascendente, lo novedoso y sobre todo conflictivo, lo abracadabradante, son factores esenciales del trabajo periodístico, y jamás algún grupo delincuencial había exhibido así su amenazante existencia.

López Obrador, no obstante, mantiene lo que desde su campaña dice: “Yo sigo sosteniendo lo mismo. Sigo llamando a todos a portarnos bien, a que sean abrazos, no balazos”. Y en vez de la Constitución, se inspira en la Biblia: “Me adhiero a lo que está en el Nuevo Testamento. No coincido con la ley del talión (…). Tenemos que convencer, tenemos que persuadir. La paz, la tranquilidad, son frutos de la justicia. La violencia no se puede enfrentar con la violencia, no se apaga el fuego con el fuego, no se puede enfrentar el mal con el mal, al mal hay que enfrentarlo haciendo el bien…”.

Dirigido formalmente a la pandilla de Santa Rosa de Lima, el video constituye un desafío al Estado, lo que explica de sobra que prácticamente todos los medios lo replicaran.

Si el Presidente cree que lo que descalificó con mordacidad (“Qué profundidad en el análisis, qué contundencia…”) es la interpretación del periodista, está rotundamente equivocado. Fueron las imágenes y sonidos lo que hizo que el video cundiera.