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En 1957, el escritor y caricaturista Theodor Seuss Geisel, escribió e ilustró el cuento Cómo el Grinch robó la Navidad. La idea del autor de la historia era hacer una sátira del consumismo navideño proponiendo la idea de que la Navidad es mucho más que cosas materiales. No obstante el deseo del creador, el mensaje de su obra ha pasado a un segundo término. En las diversas versiones que se han hecho de la narración ha prevalecido la imagen del verde y peludo  Grinch, personaje que odia las fiestas, concretamente la Navidad.

Después de leer lo relativo a los propósitos de Donald Trump de hacer difíciles las cosas en la última etapa del año con tal de evitar dejar el cargo presidencial en calidad de perdedor; se me ocurrió que detrás de sus intenciones se encuentra el espíritu de un Grinch, si bien no verde ni peludo, sí anaranjado y con el cuero cabelludo, unos días blanco tirándole a rubio y otros días rubio tirándole a blanco, según el color de los cabellos que, ese día, queden arriba o abajo de su laberíntico peinado.

Cuando sólo faltan 22 días para la toma de posesión del demócrata Joe Biden, Trump desde su club Mar-a-Lago de Florida, donde fue a pasar las fiestas navideñas, no ha dejado de aferrarse a su enfermizo empeño de revertir el resultado de las elecciones o, cuando menos, construir un argumento que parezca razonable de que le robaron la elección para su segundo mandato. Egocentrismo y soberbia en su más pura expresión.

A estas alturas al magnate, su nación y su gobierno le vienen valiendo tres toneladas  de peanuts. En su retiro de fin de año en Florida, se ha dedicado a jugar golf y a conspirar con un elenco de obcecados partidarios —aspirantes a un cargo— para desafiar el resultado de las elecciones en el Congreso. Otro de los que ha visitado al magnate en estos días es su abogado Rudy Giuliani, quien lo ha ayudado en sus demenciales demandas de supuesto fraude y manipulación de votos.

Es conveniente recordar que el psicólogo John Gartner, exprofesor de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Johns Hopkins, el pasado mes de febrero emprendió una campaña en el portal Change.org, en la que solicitó a profesionales de la salud mental que suscribieran una petición para denunciar los riesgos de ser gobernados por una persona que como Trump muestra incapacidad para la empatía —quien no entienda éste termino consulte el Diccionario de palabras neoliberales de la Real Academia Tabasqueña—, padece una grave inestabilidad emocional y tiene una visión distorsionada de la realidad.

Quiero imaginarme que la visión distorsionada de la realidad, hace que el empresario de 74 años aún crea en Santa Claus, al que le pidió la anulación de la elección. Como Santa no le cumplió su deseo, se convirtió en Grinch amargándoles la Navidad a cerca de 14 millones de estadounidenses afectados por la pandemia que se quedaron esperando un cheque de ayuda para sus compras navideñas, muchos de ellos desempleados a punto de ser desalojados de sus viviendas. Así, en venganza porque su carta a Santa Claus no fue atendida, el pinche Grinch anaranjado se negó a firmar durante casi una semana el paquete de estímulos económicos que debió signar el día de nochebuena y a más tardar en la medianoche del sábado. No lo hizo así, el cruel y desalmado neoyorkino retrasó su firma 24 horas más. La demora ocasionará que, aunque retroactivamente cobrarán, de momento aquellos que están en los programas de desempleo por la pandemia sufrirán un retraso en los pagos por varias semanas mientras las agencias estatales reprograman sus computadoras. What little mother!

La frase del año

El 2020 no fue el año de tener todo lo que querías. Fue el año de aprender a valorar todo lo que tenías.