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El pasado martes, durante el primer debate por la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump hizo mofa de su oponente Joe Biden porque éste usa el cubrebocas, dijo: “Tengo mascarilla (cubrebocas), pero no la uso como él, que cada vez que lo ves tiene una (…) Puede estar hablando a 200 pies (60 metros) de distancia y lleva la mascarilla más grande que hayas podido ver”.

Trump se ahorcó con su propia lengua porque la madrugada del viernes, aproximadamente a la una de la mañana, tuiteó que él y su esposa habían resultado positivos al Covid-19, la plaga china, como el hoy enfermo, con soberbia, mala leche y desinformación bautizó al coronavirus.

El mandatario estadounidense pasó a ser uno de los siete y medio millones de contagiados de Covid-19 que existen en el país que él mal gobierna. Mal de muchos: pandemia.

El hombre naranja, evasor de impuestos, magnate de mentiras, y con deudas millonarias, está sufriendo en carne propia el padecimiento que minimizó cuando éste comenzó en el mes de febrero. ¿Justicia poética o una sopa de su propio chocolate?

Recientemente anunció a sus gobernados la pronta desaparición de la pandemia ya que él tenía todo bajo control. Esto lo dijo contradiciendo lo expresado por sus propios expertos en salud pública. Inclusive, la semana pasada, en Minnesota, Trump realizó actos masivos sin sana distancia ni cubrebocas. El mismo jueves, aun sabiendo que Hope Hicks, una colaboradora cercana suya había dado positivo en Covid-19, el empecinado presidente sostuvo varias reuniones en corto sin usar la mencionada prenda bucal. El que por su gusto es buey hasta la coyunta lame.

El presidente que se encuentra en dos de los grupos de mayor incidencia del Covid-19: tiene 74 años de edad y está a una Coca Cola de la obesidad, se puso en contacto con la sociedad estadounidense el sábado, entrada la tarde, por medio de un video grabado en el hospital donde está recluido, en el que manifestó que se encuentra “mucho mejor” y que está trabajando para “volver del todo”. “Tengo que volver porque todavía tenemos que hacer a Estados Unidos grande del todo”. Alabanza en boca propia, es vituperio.

Unos minutos después que el video de Trump fuera trasmitido, se distribuyó entre los periodistas una declaración atribuida a Mark Meadowns, jefe del gabinete de Trump, que aseguraba: “Los signos vitales del presidente en las últimas 24 horas fueron muy preocupantes y las próximas 48 horas serán cruciales (…) Todavía no estamos en un camino claro hacia la recuperación”. Cuando el río suena agua lleva.

Sin embargo, al enfermo se le queman las habas para volver a la acción. El domingo dio una vuelta en la camioneta presidencial usando mascarilla. ¿No que no tronabas pistolita? Aun así, ayer 5 de octubre, anunció que abandonaría el hospital ese mismo día. No por mucho madrugar amanece más temprano.

A poco menos de un mes de la elección presidencial y a nueve días del segundo debate, sus colaboradores viven un momento de incertidumbre ya que, además de que las encuestas no favorecen a su jefe, tienen que aceptar una realidad que en un principio negaban rotundamente. Ahora, los funcionarios llevan cubrebocas. Después del Trump ahogado tapan sus bocas.

Como las lectoras y los lectores se habrán percatado, en la columna de hoy he recurrido para hacer mis comentarios a los refranes, algunos han sido escritos textualmente y otros han sufrido una paráfrasis. Deseo terminar este texto parafraseando otro de ellos para aplicárselo a nuestro presidente López Obrador: Cuando veas las barbas de tu vecino cortar ponte el cubrebocas.

Meme

Ahora con las clases en línea mi esposa se apropió del papel de directora y me nombró conserje, quiere que yo lave los trastes y mantenga limpias las instalaciones escolares.