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Bajo la misma palabra: pobreza, estamos midiendo en México cosas muy distintas de las que se miden en el mundo.

Los pobres de México, medidos con la vara del Coneval, una vara muy alta, resultan bastante menos pobres que los pobres que miden el Banco Mundial, la OCDE o la Universidad de Oxford, tal como traté de mostrar ayer, aquí mismo, gracias a una comparación de México ¿Cómo vamos? circulada por Valeria Moy.

La vara de medir pobres del Coneval es muy alta por muy buenas razones: sus indicadores miden el grado de acceso de los mexicanos a los derechos que les otorga su Constitución.

Como se sabe, la mexicana es una Constitución muy garantista y muy prometedora de cosas que el Estado no puede cumplir. Por ejemplo: derecho a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda y a un salario mínimo.

Cuando los técnicos trasladaron estos derechos a índices que pudieran medirlos, diseñaron un mecanismo extraordinariamente refinado y exigente, que acabó siendo usado como un índice de medición de la pobreza.

Este índice combina la medición del ingreso, con la de seis carencias económicas y sociales: alimentaria, acceso a la educación, acceso a servicios médicos, acceso a la seguridad social, calidad de la vivienda, acceso a servicios básicos de la vivienda.

Se considera “pobre” en esta medición a la persona que carece de alguno de estos seis rubros y cuyo ingreso no alcanza para comprar la canasta alimentaria básica.

Se considera que está en “pobreza extrema” quien tiene tres o más carencias en dichos indicadores y un ingreso menor al costo de la canasta básica.

A los que padecen una de las seis carencias mencionadas y bajo ingreso, les llamamos pobres. A los que tienen tres o más carencias les lamamos pobres extremos.

Nuestra medición de pobreza sale muy por encima de las mediciones internacionales porque, en realidad, lo que estamos midiendo en México son los niveles de acceso de la población a los derechos humanos, económicos y sociales que otorga nuestra Constitución.

Los pobres mexicanos que mide el Coneval (43.6% de la población) son casi cuatro veces más que los que mide el Banco Mundial (10.95%).

¿Qué tan pobres son nuestros pobres? ¿Cuatro veces menos pobres que los que mide el Banco Mundial?

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