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De un tiempo para acá viene imponiéndose una idea en el mundo de la cual la sociedad mexicana no puede substraerse. La idea de lo políticamente correcto. Una persona que actúa de manera políticamente correcta es aquella que toma en cuenta los valores de todos los grupos humanos y evita cualquier posible discriminación u ofensa hacia ellos por motivos de sexo, preferencias sexuales, ideología política, religión, raza, y un largo etcétera que va desde el modo de vestirse y la predilección gastronómica hasta el amor desproporcionado por los animales.

Por supuesto que la idea es plausible, tiene un trasfondo de rectitud y respeto por los demás; es un llamado a evitar prácticas de exclusión, modos de injusticia, ofensas y maltratos. En mi modesta opinión esta tendencia hacia lo políticamente correcto ha llegado a niveles de exageración como el uso antigramatical, que al parecer ya se hizo costumbre, sobre todo en el ámbito político de decir: las y los mexicanos, para con esto ser incluyentes con el género femenino. O las y los diputados. En todo caso podría decirse las mexicanas y los mexicanos, las diputadas y los diputados. O, ¿por qué no? la fórmula antigua pero correcta de enunciar, los mexicanos o los diputados, así en genérico.

También con el fin de ser incluyentes y, por ende políticamente correctos, en el lenguaje escrito se usa el signo @ en sentido ambivalente como O y al mismo tiempo A, para escribir los niñ@s, los compañer@s, los hij@s, etcétera. Tal vez se ignora que este símbolo pertenece al código de pesas y medidas y que, gramaticalmente, no significa nada. Con el advenimiento del Internet se emplea para separar al usuario del dominio al que pertenece.

Lo arriba escrito, que a mi entender no debería formar parte del lenguaje, lo respeto en aras de que es políticamente correcto tolerar la manera de expresarse de los demás para que los demás nos toleren. Porque lo corrección política debe de ser un camino de ida y vuelta.

El escritor español Javier Marías (1951) en uno de sus artículos comentó: “Hace poco, el autor de un libro criticó a muchos de los que escribimos en prensa sin ser ‘expertos’, declaraba que con su denuncia no pretendía que se pusieran límites a la libertad de expresión, pero a la vez pedía que se ‘despidiera’, ‘expulsara’ o ‘eliminara’ (sus verbos) a los opinadores que le desagradan tanto. Me temo que esa es la hipócrita actitud de buena parte de nuestra sociedad: que cada cual diga lo que quiera, pero ay del que diga lo que a mí me parece mal, porque entonces procuraremos su linchamiento virtual, su despido, su expulsión y su eliminación”.

Lo escrito por Javier Marías me recuerda lo sucedido recientemente con uno de nuestros mejores escritores e historiador que al no estar de acuerdo con la actuación de dos directores de revistas –también escritores e historiadores– que, supuestamente, se vendieron y fueron favorecidos por los gobiernos anteriores que apoyaron sus respectivas publicaciones con contratos millonarios; y que además, presuntamente, formaron parte de la Operación Berlín –llamada así por la calle donde se sitúa el inmueble donde se reunían– que fue una confabulación contra el actual presidente cuando era candidato, les recomendó: “que se queden en su esquinita o que vayan cambiando de país muy pronto”.  El amenazante escritor argumentó que su decir, con un súbito e inexplicable olor a fascismo, es porque tiene “una lengua más poderosa que su capacidad para controlarla”. Este padecimiento se llama, admirado Taibo II, síndrome de Fox.

Memes de la pandemia

Dicen que a partir de octubre se puede salir a la calle en pareja. ¿Alguien sabe si la pareja la otorga el gobierno o cómo está la cosa?

Poco a poco se irán abriendo las iglesias y los moteles. Se les pide paciencia a los fieles y a los infieles.