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Me pregunta un lector atento en qué estoy pensando concretamente cuando hablo en la necesidad de una pedagogía ambiental venida de los anunciantes y los medios.

Pienso en campañas publicitarias hechas con dinero público y con dinero privado para inducir en los mexicanos conductas apegadas a la ley y a su propio beneficio, como personas y como sociedad.

Nada que no haya sucedido ya alguna vez, con impactos memorables, en el ámbito de nuestra comunicación masiva.

El proceso de reducción de las muy altas tasas de crecimiento demográfico de México estuvo acompañado por años de un anuncio cuyo eslogan era “La familia pequeña vive mejor”.

Recuerdo una campaña de prevención pública del abuso sexual contra menores. Su eslogan era “Mucho ojo”, y desplegaba escenas típicas de conductas sospechosas en la materia.

Recuerdo otras, creo que del Instituto de Protección del Consumidor, que tenían la gracia de rimar con naturalidad y sencillez.

A favor del ahorro de energía: “Ayuda un poco apagando un foco”. Contra el dispendio del agua: “Gota a gota, el agua se agota”. Sobre el buen uso familiar de la leche: “Si la leche es poca, al niño le toca”.

Hubo alguna vez una campaña tributaria, a la vez amenazante y sonriente, cuyo slogan era: “O te arreglas con Lolita o te entiendes con Dolores”. Aludía a que, a la hora de pagar impuestos, Hacienda era tratable por las buenas, pero terrible por las malas.

Creo que los hábitos públicos de los mexicanos han empeorado enormemente desde que pasaron a la historia campañas como
las que menciono.

Da vértigo solo pensar en los malos hábitos dietéticos, que tienen a la tercera parte de la población camino de la diabetes. Y qué decir de los viejísimos hábitos de “darle la vuelta a la ley” o enriquecerse con el dinero público.

Debiéramos tener campañas permanentes en los medios contra nuestros malos hábitos y nuestras conductas irresponsables, insolidarias o simplemente delincuenciales.

Un buen inicio sería legislar que todo el dinero que gastan los gobiernos en publicidad estuviera destinado a campañas para mejorar nuestros hábitos públicos: individuales, familiares, comunitarios.

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