Minuto a Minuto

Nacional Secretaría de Salud intensifica jornadas de vacunación para frenar el brote de sarampión
La Secretaría de Salud duplicó las campañas de vacunación en Guadalajara, una de las zonas más afectadas en el país
Internacional La Casa Real belga niega vínculo entre reina emérita Paola y Jeffrey Epstein
La Casa Real de Bélgica negó este sábado cualquier relación entre Jeffrey Epstein y la reina emérita Paola
Ciencia y Tecnología Ejercicio físico actúa como antidepresivo natural, afirma experto de la UNAM
El especialista explicó que la actividad física favorece la neurogénesis y en procesos clave para la regulación emocional
Internacional Rodolfo López Ibarra, alias ‘El Nito’, se declara culpable por narcotráfico y sobornos
López Ibarra firmó su declaración de culpabilidad y podría recibir una condena mínima de 10 años de prisión y hasta cadena perpetua
Nacional CDMX realizará tres simulacros sísmicos durante 2026
Durante los simulacros se activará la alerta sísmica y el Sistema de Alertamiento Masivo enviará un mensaje hipotético a los teléfonos móviles

Se dice que los tiempos para aprobar la segunda vuelta son cortos y que legislarla sería una imprudencia, una precipitación.

Puede ser. Me interesa recordar aquí que mi alegato por la segunda vuelta no es una ocurrencia de estos días. Está impresa con todas sus letras en el ensayo Un Futuro para México, que Jorge Castañeda y yo publicamos a fines de 2009.

Ahí puede leerse:

La segunda vuelta en la elección presidencial parece imprescindible. Los números son elocuentes: en 1994 Ernesto Zedillo obtuvo cincuenta por ciento del voto, Vicente
Fox cuarenta y tres por ciento en el 2000 y Felipe Calderón, en el 2006, treinta y cinco por ciento. El próximo presidente debiera darse de santos si alcanza el treinta y dos por ciento en el 2012. México no puede ser gobernado por un presidente elegido por menos de una tercera parte del electorado. La segunda vuelta obliga a alianzas, pues sólo pasan los primeros dos contendientes, los demás negocian su apoyo programático, de personas y cargos, entre una y otra cuenta. Por eso, y para garantizar un amplio mandato, casi todos los países con régimen presidencial (en América Latina y Francia, por ejemplo) han establecido este mecanismo. Un futuro para México
, Punto de lectura/Santillana 2009, p. 96

Como puede verse no era ni es una propuesta dedicada a poner contra la pared a nadie, sino una sugerencia de solución institucional a la ya entonces visible, indeseable, tendencia a la fragmentación del voto, y a la baja en los votos con que se gana la Presidencia de la República.

La segunda vuelta para 2018 sigue siendo una buena respuesta al problema de la erosión de la legitimidad por el encogimiento progresivo de los votos del ganador y el hecho, cada vez más visible, de que sus opositores, aunque pierdan la elección, forman una abrumadora mayoría.

No veo por qué si podemos anticipar que el coche electoral volverá a fallar el año entrante, arreglarlo hoy es una precipitación. ¿Por qué no arreglar cuanto antes un carro que sabemos de dónde cojea?

Si la segunda vuelta puede disminuir el problema de legitimidad y representación de nuestros gobiernos, ¿por qué sería imprudente o precipitado arreglar ahora la falla?

[email protected]