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El fin de semana ha llegado y el panorama es poco alentador para visualizarnos en salir ligeramente relajados, visitar a algunos amigos o pensar en reanudar nuestra vida social.

Han sido aproximadamente 44 fines de semana que no han sido los mismos, una cuarentena de vivir las propias estaciones del año con los viajes a la playa, las cabañas, las fiestas de cumpleaños, las comidas familiares y sin olvidar las recientes fiestas decembrinas.

Sobra decir que la vida nos ha cambiado y la capacidad de asombro se encuentra en estado de recuperación. Pareciera un retroceso, pero en realidad es como retomar los placeres más sencillos para convertirlos en únicos.

La vida también se nos ha acortado, las conversaciones con amigos, los viajes pendientes y la propia línea de tiempo nos ha colocado en una especie de faro desde donde hemos visto partir a amigos, familiares, conocidos y desconocidos.

La imagen se ha vuelto trascendental en estos tiempos para comunicarnos, acercarnos los unos con los otros y entablar un nuevo lenguaje de emociones palpables.

Los que no tomaban fotos, ahora lo hacen; quienes no escribían muchos mensajes, envían cada cierto tiempo; de hacer videos y compartirlos ya es parte de una rutina en donde se abren canales de conversación y de intercambio de ideas.

El Covid, el bicho, el virus, la pandemia, el miedo, la fatiga, el ruido y el abrumador silencio nos ha obligado a recrear paisajes en el interior de nuestras casas. Sea lo que sea, la sala se ha convertido en un parque recreativo, en sala de juntas, en pista de baile, en sala de cine y hasta en una especie de zona de camping.

Hemos salido a pasear sin llenar una maleta, y nos hemos reído más.

Juan Ignacio Roncoroni es un fotoperiodista argentino que trabaja para EFE y EPA que he descubierto en estos tiempos en donde me he detenido más a observar las distintas miradas que testimonian lo que ven, que más allá de su profesionalismo y experiencia en el terreno periodístico, también han logrado pausar el ajetreo informativo para capturar lo que les rodea dentro de su cotidianidad.

Mirar con respeto las líneas que delimitan un espacio con el otro, la lámina con el piso mojado, las bardas inclinadas que rompen la certeza de un inicio y fin de orilla a orilla.

La fotografía se rige por la geometría de quien la busca, y es allí en donde hacemos un tipo de conquista visual con el observador. Le seducimos con nuestra intención hasta que nos ve y se detiene a admirar lo que nosotros en ese día creímos importante documentar.

Una azotea pequeña, sin el glamour de la arquitectura moderna y los códigos de diseño que exigen una terraza en el penthouse.

Obligados a cambiar - lauragarza15012021
Foto de Juan Ignacio Roncorini / Instagram @juanironcoroni22

Una piscina comprada por Amazon, una llanta inflada que no sirve de nada más que para agregarle una especie de look a la tarde asoleada.

Los trajes de baño, esos que se quedaron sin oler a cloro, pero que funcionan para trasladarnos a las albercas repletas de gente y a la pasarela de los cuerpos tonificados y los no tanto, que siempre vemos en las vacaciones en la playa.

El que no alcanzó un camastro para asolearse, pero prefiere seguir en lo suyo bajo un ambiente de ocio.

Esta fotografía lleva más de una semana de haber sido publicada en su cuenta y desde que la vi, confieso que no he dejado de verla una y otra vez.

Me atrapó su mirada aérea como quien espía, quien se hace lejano cuando en realidad está allí en lo inmediato, esperando a ser visto para ser incluido en la tarde de verano, en la sonrisa de la chica recostada o en el joven que no sabe qué más hacer en la piscina con agua helada.

Acotamos lo que tanto deseamos, y tomamos fotos para refrendar nuestros deseos por tener, por sentir, por estar y aseverar la nostalgia que nos causa no poderlo vivir. Al menos como siempre creímos que debería de vivirse todo.

Estamos obligados a reinventarnos en espacios de pocos metros cuadrados, donde la vida de saltar de la cama, quitarnos la pijama y encender la pantalla permanece y permanecerá.

La fotografía como el documento que nos relata lo que fuimos capaces de hacer, o el complemento de una autobiografía de quienes creímos ser.

Y para quienes nos mantenemos diariamente con el idioma visual, es la capacidad de montarnos a la coyuntura llamada pandemia para observar sin descanso y sin restricciones.