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Usuarios reportan servicio sumamente lento en al menos cinco líneas del Metro CDMX, este miércoles 14 de enero
Nacional Colectivos, trabajadores y alumnos se manifestarán en la CDMX
Será un miércoles 14 de enero lleno de manifestaciones y concentraciones en la CDMX
Nacional Reforma electoral: partidos y plazos
Aceptarlo, confirmaría la vida eterna de Morena y su muerte súbita además de dejar a México como un país de partido y régimen único
Internacional EE.UU. destina más de 23 millones de dólares al sistema de justicia laboral mexicano
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Nacional ¿Por qué suspenderán suministro de agua en la Terminal 1 del AICM?
La Terminal 1 del AICM permanecerá sin suministro de agua potable desde las 22:00 horas de este martes y hasta la tarde del miércoles 14 de enero

Uno de los problemas más comunes de estos tiempos es pretender procesar la realidad a partir de la experiencia pasada. El ser humano se remite al pasado para tratar de comprender lo que existe y prever lo que viene. Cada vez estoy más convencido de que el paradigma está agotado. Conocer la historia ya no es suficiente; lo que hoy existe es distinto, los desafíos son inéditos y se requiere innovar prácticamente en todo, cualquiera que sea el proyecto, bien sea empresarial, político, social e incluso personal.

La exigencia es no perder perspectiva del presente y el futuro. Por ejemplo, la indignación se ha generalizado ante las atrocidades en Teuchitlán, Jalisco. Ya se sabe de la ausencia de la CNDH, de que hubo un marcado desinterés de las autoridades por los desaparecidos y que se exhibió la incapacidad institucional de estados y municipios para acometer sus responsabilidades. Pero el descontento debe conducir a generar procesos institucionales que nos permitan mejorar nuestra capacidad de enfrentar el futuro. Las respuestas deben expresarse en políticas públicas construidas y aceptadas por todos los mexicanos.

El caso puede ser histórico a partir de aceptar la realidad, no de negarla; Teuchitlán es la oportunidad de renunciar a un antes y construir un después, camino hacia el fin de la impunidad en el país.

Algo semejante puede señalarse en el desafío que plantean la amenaza de los aranceles. Creo que no sirve de mucho abonarse en las emociones del orgullo nacional, tampoco en medios o empresarios que en el afán de fortalecer al gobierno todo aplauden y apoyan. A partir del interés de cada parte, sin engaño ni doble lenguaje, debe convocarse a un amplio acuerdo a partir del respeto, que considere un horizonte de largo plazo y seguramente un cambio estructural más allá de lo convencional. A Trump no lo puede enfrentar el gobierno solo, tampoco los empresarios; es un asunto nacional y todos debemos hacer nuestra parte.

Es tiempo que el gobierno deje atrás el ánimo pendenciero y excluyente heredado del pasado para construir un nuevo consenso, incluyente y auténtico. A quien corresponde convocarlo es a la presidenta Sheinbaum con la convicción de que todos somos parte de la nación, y con la vista en el presente y el futuro de México.